jueves, 6 de abril de 2017

Abejar sería más bonito si estuviera limpio


Google Maps me comunica que las fotografías que he subido de Abejar tienen más de 90.000 visitas y me invita a dejar reseñas. El blog y los vídeos de YouTube también acumulan un número considerable de visualizaciones. Son muchas visitas para un pueblo tan pequeño lo que significa que cualquiera que se plantea venir a Abejar ha investigado primero las imágenes de Internet.

Empecé este blog para promocionar Abejar y la vida rural en Soria, porque el pueblo se está quedando vacío, la farmacia se ha reducido a un botiquín de tardes, el colegio solo tiene una maestra y cada dos por tres está en peligro de cierre, han desaparecido bares, empresas y ganaderos, los jóvenes se van, los mayores mueren, los emigrantes regresan a sus países...

Me propuse explicar de forma amable y divertida lo ideal que resulta vivir aquí, y escogí al perro y a mi hija de protagonistas con toda la intención porque, sobre todo, faltan familias con niños. Sin juventud no hay futuro.



Fotografié Abejar y su entorno en los momentos en los que la imagen fuera más bonita por la luz, el color, el verdor, las flores, la nieve... y evité todo lo que resultara desagradable. He publicado cuatro vídeos de Abejar en YouTube.

Pero mis esfuerzos son inútiles si los abejareños no ponen algo de su parte. Cualquiera que haya visto mis fotografías y llegue a Abejar se quedará, al instante, decepcionado ante la porquería que hay por todas partes. Se lo escuché decir a una turista: «No sé dónde está el encanto rural, yo no lo veo por ninguna parte. Hay mierda tirada a cada lado de la calle» Y tenía razón, paseaba entre los restos de las casetas de las peñas y la basura abandonada de un año para otro.

Abejar pretende vivir del turismo rural y para eso debería ser más cuidadoso con la limpieza y cuidar la estética del pueblo. Quien viene al campo espera encontrar naturaleza. No es buena idea destrozar plantas y matar animales.

Echar herbicida mata a las plantas, y a los insectos que se alimentan de ellas. Poner veneno contra las hormigas o los topillos, mata a los pájaros, a los reptiles, a los zorros, a las águilas, a los gatos, etc. Además es ilegal. Matar ardillas, víboras, gatos monteses, águilas no es solo un delito, porque son especies protegidas, es que además es una tontería porque estos animales se alimentan de los topillos. Se cargan la solución al problema de las plagas y un recurso turístico inestimable.

Me pregunto por qué los matan. Solo puede ser por dos motivos: o ignorancia o mala fe. No digo que no haya ignorantes, pero en la actualidad todos estamos informados sobre estos temas, con lo cual debe de ser mala fe, desinterés, egoísmo.

Podría continuar escribiendo maravillas sobre Abejar, pero no me apetece, no vale la pena. Mientras siga teniendo la mierda de otros al lado de casa, dedicaré el tiempo a asuntos más interesantes. Al fin y al cabo, no tengo ni obligación ni necesidad de escribir este blog, tampoco de hacer reseñas en Google Maps.

Aquí os dejo el vídeo de la vergüenza. Las imágenes valen más que mil palabras.





jueves, 2 de febrero de 2017

Abejar: billetes de 500€ en bolsas de basura


Halladas en Abejar tres bolsas de basura llenas de billetes de 500€

Estoy segura de que, si esta noticia hubiera aparecido en El Heraldo de Soria, no quedaría ni una bolsa de basura en todo Abejar porque la gente se hubiera peleado para llevárselas.

Sin embargo, las bolsas de basura siguen apiladas contra los restos de una peña. Las fiestas patronales se celebraron el agosto, ¡en agosto!, desde entonces ahí está toda la porquería y nadie la retira. Ni quienes levantaron la chabola ni el Ayuntamiento ni los abejareños.


Y a la inmundicia de entonces se añaden, ahora, las bolsas de caca de perro. ¿Quién será tan listo como para recoger los excrementos perrunos y tirar la bolsa en otro lado?  Si los recogen, que los echen al contenedor... digo yo..., de lo contrario, es mejor dejar que los excrementos se degraden y no añadir una bolsa contaminante.


Cerrada la escombrera municipal por ser ilegal, ahora cualquier sitio es bueno para abandonar escombros de obra, plásticos, neveras y lo que se tercie.



Los plásticos no crecen en el pinar
La restauración del lavadero costó una pequeña fortuna. A los cuatro años no quedaban cristales, ni ventanas ni puerta, se habían arrancado tejas para echarlas al agua y se había pintarrajeado todo. Si no pensaban proteger el patrimonio, no era necesario gastar ni un euro restaurándolo.


Escribieron: «Los putos amos» ¿Amos? Amos, no, cerriles.

En este entorno precioso es donde están echando la mierda y a nadie parece importarle

Restos de una peña en mitad de un prado

Fiestas de botellón y borrachera
Por todo el contorno de Abejar hay vasos, botellas, latas, plásticos y demás restos de fiestas que el viento y el agua arrastran hasta lugares insospechados.

Lo que más me llama la atención es que a los abejareños les parece normal esta suciedad, están acostumbrados a vivir así y no les incomoda lo más mínimo. Yo limpiaría, si no por ellos, por respeto a los visitantes de turismo rural de los que muchos pretenden vivir.

¡Arriba esos otros pueblos limpitos y con verdadero encanto rural!


domingo, 18 de diciembre de 2016

El perrito de las nieves - En memoria de Mª Dolores



En sus últimos minutos de vida, ella dijo que veía al perrito de las nieves.
Inuki la llamaba con un ladrido amistoso, moviendo la cola, y se marcharon jugando entre risas de niña alegre hacia aquel horizonte de nieve y cielo azul donde se desvanecieron.
Adiós, querida Loli, que tengas dulces sueños eternos en compañía de Inuki.
Descansa en paz.





sábado, 17 de diciembre de 2016

Amistades de arrendajo



Ha transcurrido un año desde que dediqué la entrada «Como una diosa» a Emilio Valadé del Río y él me contestó en otra: «Diosa, no. Mejor arrendajo».
Yo había sembrado bellotas y semillas de almez y confesaba sentirme como una diosa de la naturaleza creando hermosas arboledas. Mi amigo me advirtió de que los dioses castigan a los  humanos que intentan emularlos y me aconsejó que, mejor, imitara al arrendajo, pues él también entierra bellotas.
Hoy quiero contaros en qué ha quedado mi actividad de arrendaja. La primavera soriana fue generosa en lluvias y las plantas se desarrollaron extraordinariamente, tanto, que fue difícil descubrir entre las altas hierbas si habían nacido mis árboles. Algunos no germinaron o fueron devorados, otros tuvieron más suerte y llegaron hasta el verano, sin embargo, es posible que no superaran la pertinaz sequía.
En resumen, de lo que sembré en el campo, quizás solo una pequeña parte haya logrado sobrevivir. A fuerza de estar vivos y entre vivos la vida parece cualquier cosa. Y no lo es. Que la vida prenda depende de un proceso muy complejo; luego, que esa vida se mantenga, exige el cumplimiento de multitud de factores (en algunos países se empieza a censar a los niños a partir de los cinco años porque un porcentaje elevado muere antes).
La vida es frágil; así que me asombra cuando se produce y la considero valiosa. Soy una arrendaja feliz el día que encuentro uno de los castaños que he sembrado, un almez, un roble… Dice Emilio que los arrendajos olvidan con frecuencia el lugar exacto de la despensa y así contribuyen a diseminar las semillas. Yo soy una pájara igual de despistada, pero sabiéndolo, me reservé unas cuantas para enterrarlas en las macetas de mi balcón. 

A principios del verano, aparecieron unas hojas diminutas, ¡qué alegría!, llegado el otoño ya eran un bonito proyecto de árbol y los trasplanté en el campo. ¡Larga vida al almez!
Hoy he ido a comprobar si todavía estaban y sí, se mantienen erguidos y deshojados como corresponde al invierno. De vuelta a casa voy pensando…, pensando en que escribiré una entrada en mi blog, pensando en el aniversario del blog de Emilio y, no sé cómo, hago una asociación de ideas: esta relación con Emilio es como si hubiera sembrado una semilla en forma de + en Google+ y hubiera germinado una amistad. ¡Ah, pues me gusta esta idea!  Es una amistad de arrendajo. He de contárselo a Emilio a ver qué le parece. Lo imagino leyendo estas ocurrencias en su ordenador y sonriendo.

Arrendaja dispersando semillas o sembrando amistades, ¡quién sabe!
Sigo analizando las semejanzas entre estas relaciones surgidas en las redes sociales y las siembras y llego a la conclusión de que, también aquí, se producen muchos contactos y solo unos pocos cuajan en una relación personal.
Son los menos, de acuerdo, pero no deja de ser una agradable sorpresa y una alegría. Si estas amistades son como una plantita, habrá que cuidarlas con esmero: regarlas, abonarlas, protegerlas de las heladas, sacarlas al sol…, mimarlas para que se desarrollen en todo su esplendor.
He de dejaros, tengo mucha tarea, voy a revisar leyendo, a abonar poniendo +, a regar comentando y a solear mandando algún correo. Curiosas estas amistades de arrendaja, ¿no?
 Gracias, Emilio, por tu amistad. Gracias a todos los amigos de Internet.

 
Ahí están mis pequeños almeces

lunes, 28 de noviembre de 2016

Misteriosas apariciones en Abejar






Una peña llena de mierda que no se recoge en todo el año


Un día deciden derribarla



Pero no se llevan los escombros y la basura, la nevera, el bidón y las maderas se quedan ahí decorando el paisaje de Abejar.


Una mañana descubro con alegría que se han retirado casi todos los escombros, aunque latas, botellas, vasos y demás cosas pequeñas han sido esparcidas por el viento y el agua ladera abajo.


A las dos semanas, encuentro que los escombros de la peña, incluido el bidón, han aparecido "misteriosamente" en mitad de un prado. Imagino que habrá sido cosa de extraterrestres o algo así porque para dejar esta porquería en el campo ya estaba bien en Abejar.

¡¡VIVA LA INTELIGENCIA!!

jueves, 8 de septiembre de 2016

Soy la loca de las víboras



La antigua vía del tren, ahora, es una vía verde, una vía verde con sorpresas

Estoy loca. Acabo de saberlo. Me he quedado algo perpleja, más por la forma de enterarme que por el diagnóstico en sí. Durante el paseo matutino con Inuki, he encontrado un lución y muy contenta me he agachado para fotografiarlo porque son escasos. 


A cierta distancia había unos hombres de Tragsa arreglando la vía verde.
—Está fotografiando la víbora. —He oído que decía uno de ellos.
—Está loca —ha comentado otro.
Yo continuaba haciendo fotos sin prestarles atención. 

He tocado el lución, quería que se marchara enseguida, pero no se movía apenas. Al fijarme bien, he visto un bulto cerca de la cabeza y he deducido que alguien lo había quebrado.  Quizás haya pasado antes que yo algún hombretón, ha librado una descomunal batalla con el pobre lagarto sin patas y le ha partido la columna. El animal todavía estaba vivo y me miraba, pero ya no podía hacer nada por salvarlo. 

Y los de Tragsa, insistiendo:
—Está loca, ¿te puedes creer que está sacando fotos a una víbora?
He cogido el lución y me he dirigido a ellos.
—Buenos días, señores. Vean: esto es un lución, no es una serpiente, ni pica ni muerde, solo come insectos —les he explicado. Luego he dejado el lución moribundo entre la hierba y he seguido mi camino. 

—Inuki, han dicho que estoy loca. ¿Cómo me ves, tú? —le consulto al husky—, yo me siento más feliz que una perdiz —Inuki me mira—; aunque ser más feliz que una perdiz no es difícil porque, ahora, las están cazando y ya no quedan perdices ni infelices ni felices.

Sorprende que supieran lo que fotografiaba estando a más de cuarenta metros, salvo que ellos hubieran matado al lución, pero resulta más extraño todavía que sepan si estoy loca solo con mirarme. 

Es lo que tienen las crisis: biológos y psicólogos acaban reparando caminos en lugar de dedicarse a su profesión. Y deben de ser muy buenos porque, a tanta distancia, ¡solo un excelente biólogo afirma sin dudar que se trata de una víbora!, ¡solo un psicólogo avezado diagnostica la locura sin entrevista ni test de personalidad!

—Bueno, perro, tienes una dueña loca, y ahora, ¿qué? Supongo que a las locas les está permitido hacer locuras… —me echo a reír—. ¡Qué sensación de libertad!, creo que me va a gustar. 

Mi amigo Ángel se confiesa loco feliz y ¿sabes que te digo, Inuki? Que puestos a ser locos, mejor ser locos felices. Así que, de mayor, voy a ser una loca feliz.

A mediodía llega mi marido y le comunico el nuevo estado.
—Cariño, estoy loca.
— ¿Ah, sí? —pregunta, y me da un beso—, pues ya somos dos.
—Voy a pasarte un test para comprobar si es verdad. Mira estas fotos, ¿qué ves? 
—Un lución, una oruga y una víbora de dos patas —contesta sin vacilar.
—Pues sí, estás tan loco como yo; porque según el biólogo y el psicólogo de Tragsa deberías haber visto: una víbora, una víbora peluda y una vecina antipática.

 
¿Un lución o una víbora?

¿Una oruga o una víbora peluda?
 
¿Una víbora de dos patas o una vieja cascarrabias?

— ¡Que los dioses nos libren de los cuerdos eruditos! y digo los dioses en plural porque un solo dios no podrá con tantos sabiondos. Es normal que las personas no entiendan de herpetología y confundan cualquier ser sinuoso con una serpiente venenosa, pero de ahí a diagnosticar trastornos de personalidad…

Es lo que tienen las crisis, cariño, que algunos psicólogos acaban asfaltando calles. O quién sabe si acaban asfaltando calles porque no sirven para psicólogos. ¡Pobrecitos!








Serpientes con la cabeza aplastada con la punta del pie, da igual si son víboras venenosas o culebras inofensivas. Todo se mata, aunque sean especies protegidas. 

Enlaces para diferenciar culebras de víboras: Las víboras están protegidas
Sobre el lución:  Anguis fragilis

sábado, 3 de septiembre de 2016

Abejar, un año Premio de Turismo y quince días Campeones de la Porquería




—Señor juez, solicito permiso para publicar una entrada bonita sobre Abejar.
—Y yo me opongo, señoría —protesta el abogado de la acusación—; el pueblo sigue sucio. Observe estas fotografías recientes. 


— ¿Pretende tomarme el pelo, señora? ¿Sigue insistiendo en dar una imagen irreal de Abejar?
—Señor juez, Abejar está en un lugar privilegiado; si usted quisiera visitarlo vería un pueblecito  recostado contra la ladera sur de una colina, desde lo alto se divisan los picos de Urbión, Pinar Grande, el lago de la Cuerda del Pozo, el sabinar de Calatañazor, los trigales; nos sobrevuelan milanos, cigüeñas y multitud de aves ya extintas en otras partes; y el cielo…, el cielo es casi siempre tan azul que duele a los ojos. Además, Abejar obtuvo el Premio Provincial de Turismo el año pasado.
—No intente distraerme con el entorno, señora. Le he preguntado por el núcleo urbano, ¿sigue sucio?
Me callo, siento vergüenza ajena. No puedo negar lo que la acusación argumenta.


—Entonces, ¡acate la sentencia! Publique entradas descriptivas de la parte negativa hasta que, por lo menos, llegue a un tercio de las positivas. No mienta usted a sus lectores. Abejar, un año Premio provincial de turismo y añada otro título: quince días Campeones de la Porquería.




—Con todo el respeto, señoría, no vine a Soria ni escribí un blog para esto.
— ¿Vino usted a vivir entre la mierda y a engañar a los demás?
—Desde luego que no.
—No sea pertinaz y cumpla su pena. ¿No sucede nada desagradable?
—Sí. Como en todas partes hay: suciedad, mujeriegos, pederastas, actividades ilegales, acoso, odios enquistados, discriminación…, pero yo no quiero escribir sobre eso. Me amenazarán, ya lo hicieron en otra ocasión. Yo quiero hablar de la sonrisa de campanillas de una niña o del canto de las alondras sobre las tierras de labor.
—Si la amenazan, denuncie con nombres y apellidos. Se acabó la discusión. Por terca, le impongo una sentencia adicional de un mes de arresto en núcleo urbano. No salga usted de Abejar, no se vaya al campo y escriba lo que se le ha ordenado hasta que el pueblo esté limpio. Una vez desaparecida la porquería, podrá borrar esas entradas porque ya no tendrán razón de ser, el pueblo será el lugar encantador que usted describe.