domingo, 20 de julio de 2014

Como el perro y el gato




De vuelta a Soria, voy pensando en cómo recibirá la gata al perro; ella lleva cuatro meses con nosotros y considera que nuestra casa es su territorio. Es posible que no acepte a un extraño o que el perro la ataque. Perros y gatos tienen fama de llevarse muy mal.

Dejamos el transportín en el suelo sin abrir la puerta y observamos conteniendo la respiración; Kírara se acerca y huele, reconoce ese transportín porque ella también viajó en él, pero el bicho que hay dentro es desconocido. ¿Habrá visto un perro antes? Se huelen el uno al otro con curiosidad, sin gestos agresivos. Como todo parece ir bien abrimos la puerta y, al cabo de unos minutos, el perrito sale con paso vacilante. Kírara se sube encima del transportín, por si acaso.  Inuki recorre la casa dando traspiés, porque es tan pequeño que aún anda muy inseguro. 

Cuando termina el reconocimiento, le ofrecemos agua y comida que acepta encantado, y luego, cansado de tanta novedad, se mete en una cesta que la gata nunca quiso y se duerme. Kírara, que no lo ha perdido de vista ni un instante, se acerca, lo huele y le da cuatro lametazos, Inuki abre los ojos y la mira. 

— ¿Mamá? No.  ¡Ah, eres tú! ¿Me limpias? Eso es un saludo de bienvenida. Gracias. Se me cierran los ojos de sueño. Adiós, amiga.

Kírara no se ha sentido amenazada en ningún momento, se ha dado cuenta de que es solo un cachorro y creo que cuidará de él. Por ahora, lo que más la preocupa es quitarle ese olor a zorro retestinado, después quién sabe… hasta podría jugar con él.

En casa, llevarse como el perro y el gato es llevarse bien.
Primer encuentro
Me muero de sueño. Adiós, Kírara.