martes, 8 de julio de 2014

Quiero un perrito



Inuki y su hermano

 Tengo un husky siberiano, mejor dicho soriano, aunque para ser exactos debería decir burgalés, pues nació en Jaramillo de la Fuente, un pueblecito enclavado en la cordillera Ibérica. A este paso, el perrito tendrá conflictos de identidad, con solo dos meses es siberiano de raza, burgalés de nacimiento y soriano de residencia, pero quizás tampoco se quede aquí y viaje a Japón con su dueña, Estela.


Esta historia comienza como muchas historias de mascotas:

—Mamá, quiero un gato.

—No puede ser.

—Pues, un perro.

—Menos todavía.

—Entonces, un conejo.

—¡Ni hablar!


Mis hijos han intentado tener toda clase de bichos con diferente éxito: perros, gatos, pájaros, arañas, palomas, ardillas, peces, tortugas, hámsteres… Unas veces lo han logrado y otras no, lo que sí les reconozco es la perseverancia y los razonamientos para convencernos; incluso el ingenio, porque cuando han tenido claro que no conseguirían nada de sus padres, han recurrido a los Reyes Magos. 

La carta no dejaba cabos sueltos: “…queremos una ardilla listada y si no quedan, un tigre o un hurón inquieto.” Ahí es nada: un tigre. No se puede decir que no sean descriptivos: la ardilla, listada; el hurón, inquieto. Tampoco se puede negar que son previsores, en caso de se hayan agotado las ardillas, que traigan un tigre o un hurón. Vaya, que se lo estaban poniendo tan fácil a los Reyes que alguna mascota seguro que les llegaría. 


Como cada año, hicimos cola para entregar la carta a los pajes de los reyes. Cuando el emisario cogió el sobre, preguntó a Estela qué había pedido, ella se lo miró fijamente entre incrédula e indignada y contestó:

—Hombre, léete la carta que para eso la he escrito.

Luego me dijo: “Mamá, quería que le explicara lo que he pedido. ¡Con lo que me ha costado escribir la carta, al menos, podría leérsela!” A los cinco añitos, ella ya tenía su lógica. 


Al final, los Reyes les trajeron otros regalos, pero ningún animalito. 


Transcurrido el tiempo, nuestros hijos habían crecido lo suficiente para hacerse responsables de un ser vivo y les autorizamos a tener una gata y un perro. ¡Qué ilusión! ¿Dónde los conseguiremos? ¿Cuándo? ¿Qué nombres les pondremos? ¿Dónde dormirán? ¿Qué comerán? Fijaremos turnos de paseo para Inuki, les compraremos juguetes, los fotografiaremos.... ¡Una avalancha de cuestiones interminable! Ya nos estábamos arrepintiendo.


Preguntamos a conocidos, miramos en protectoras, visitamos tiendas, pero Soria es tan pequeña que no encontramos lo que andábamos buscando. Sin embargo, no estaban dispuestos a perder esta oportunidad después de tanto tiempo esperando, así que se les ocurrió navegar por Internet a ver qué encontraban y enseguida localizaron lo que les interesaba: una gata de bosque noruego y un husky siberiano.


Desde el momento en que descubrieron la foto de una elegante gatita naranja y blanca y un perrito como un osito de peluche, fue amor a primera vista; ya no les gustó ningún otro.


La amante de Japón dispuso que se llamaran: Inuki y Kírara, nada de Pepe, Toby, Missy o nombres por el estilo. 

Kírara