viernes, 29 de agosto de 2014

No estamos solos




Con el cambio de estación, es mejor salir a dar la vuelta a primera hora de la mañana. A las siete, la familia se marcha a Soria, un poco después, nos vamos Inuki y yo. 

¡Es tan temprano que todavía no han puesto las calles ni la gente! Estamos solos, incluso más solos que en invierno porque a esta hora aún no circulan vehículos; es demasiado pronto para ir a trabajar o al colegio o a comprar. Inuki, estamos tú y yo y nadie más.

Podemos disfrutar de la salida del sol sin que nos molesten, andamos por en medio de la carretera sin tener que dejar paso a los coches, tú te entretienes olisqueando todos los rastros sin problemas porque aún están frescos y yo contemplo la belleza de esta primavera tan esperada.

Siento el frescor del rocío, huele a hierba húmeda, me recorre un pequeño escalofrío. ¡Hemos madrugado tanto que en esta vaguada la temperatura sigue baja y me estoy quedando helada! Me voy un ratito al sol hasta que su calor me reconforte.

La pequeña tarabilla siempre protesta cuando Inuki pasa cerca de su nido

El vuelo inesperado de un pajarito por delante de mis ojos me ha sobresaltado. Le sigo con la mirada intentando identificarlo. ¡Ah, sí! Es un herrerillo, un ave de las más chiquitinas y coloridas.
—Bip, bip, bip.
—Buenos días a ti también.

Me paro a escuchar con atención a ver quién más anda por aquí. En lo alto de este mismo roble, suena como si sacudieran un manojo de llaves; es, sin duda, un verdecillo. Desde la espesura del seto llega el canto melodioso del ruiseñor. En la chopera, trina un pinzón; a lo lejos se oye un cuco, y desde el lado opuesto, le contesta otro. Las tórtolas que están posadas sobre el tendido eléctrico gorjean las últimas noticias.

Me sobrevuela el milano real, pero este en silencio. En cambio, la urraca ya anda alborotando, como el cuervo que, enseguida que nos ha visto, ha graznado su “roc, roc, roc” de alerta.

Antes ha pasado la cigüeña con una ramita para su nido y, aunque no la vea, sé que acostumbra a saludar a su pareja con un sonoro crotoreo. Tampoco diviso al pica-picos, pero resuena un golpeteo que solo puede hacerlo él, luego unos agudos gritos, está bastante enfadado; se habrá levantado con la patita izquierda.

Un petirrojo se posa sobre un tronco del vallado, un abejaruco sale del túnel donde tiene su nido, los vencejos planean desde hace rato jugando con los aviones, unas golondrinas trisan al sol mientras otras se recolocan las plumas, los mirlos silban…

Inuki, no estamos solos; ¡estamos rodeados, que no es lo mismo!

 
Aviones tomando el primer sol de la mañana
Golondrinas