viernes, 1 de agosto de 2014

Te portas perro




Tenemos una misión: educar a un perro. ¿Es maleducado el perrito? No. ¿Ignora lo que tiene que hacer? Tampoco. Entonces, ¿cuál es el problema? Es que nos empeñamos en que el perro se acostumbre a lo que a nosotros nos interesa, y eso contraviene casi todo lo que le dicen sus instintos. La palabra que más escucha un cachorro es “no”.

—Estos dientes nuevos que intentan romper la encía molestan una barbaridad, voy a ver si puedo morder algún zapato.
—No, no se muerde nada.
—Ha llegado el alfa de la manada, lo saludaré con toda la educación perruna.
—Quita perro, ¿cómo tengo que decirte que no me saltes encima? Ya sabes que lamer está prohibido; manchas los pantalones.
—Aquí huele raro, voy a dejar mi marca para que todos sepan que esta zona es nuestra.
— ¡Perro cochino!
— ¡Una desconocida! Como soy un buen perro, la amenazaré con un gruñido para defender a los míos, y si se pasa, la muerdo.
— ¡Perro malo! No gruñas a tía Enriqueta.

¡Pobres cachorros! Nadie les entiende. Intentan comportarse lo mejor que saben, lo que pasa es que esa sabiduría canina no sirve entre humanos. ¿Y qué culpa tienen ellos? Ninguna, por eso yo no regaño a Inuki, le indico lo que me disgusta y basta.

Este husky tiene instintos de lobo; para él cualquier animal es una presa en potencia y entiendo que se comporte así; en la naturaleza moriría de hambre, si no fuera capaz de cazar todo lo que corre. En este asunto tenemos muchos desencuentros.

—Fíjate, he cazado un topillo.
— ¡No, tíralo al suelo, al suelo, al suelo! El topillo no se come, es un amigo.
—He atrapado una lagartija y eso que corría como loca…
— ¡No, al suelo, al suelo, al suelo! Las lagartijas son amigas.
—Un gato callejero…, no es Kírara, igual puedo matarlo.
—Ni lo pienses, todos los gatitos son amigos.
— ¿Una urraca? ¿Un pájaro chico?
—No, Inuki, todos los animalitos son amigos. Tú tienes rosquillas y otros alimentos suculentos.
— ¡Qué fastidio!, pues muerdo un árbol.
—No, Inuki. Las plantas vivas también son amigas… solo puedes morder los tronquitos que estén por el suelo.
—Grrr, grrr.
—Inuki, no te portes… —Iba a decir mal, pero ¿se porta mal? No. ¿Se porta bien? No respecto a lo que intento enseñarle. No se porta ni bien, ni mal, se porta como un perro—. Por favor, Inuki, no te portes perro.
— ¿Qué?

Inuki me mira desconcertado. Si yo fuera él contestaría: “Mira, guapa, si no querías un perro, haberte comprado un florero.” Pero Inuki es muy educado y no contesta mal. ¿Veis?, al final, resulta que la más impertinente soy yo. 

Me río para mis adentros, porque si es cierto que los perros captan nuestros pensamientos, y sabe  la conclusión a la que acabo de llegar, quizá debería aplicarme un correctivo de mordisco por incoherente y contestona. 

Estos dientes molestan una barbaridad...
  
!Un lagarto! Es mío, yo lo vi primero.