viernes, 19 de septiembre de 2014

Soria, tierra de inspiración divina

Le daré nieve que cubra de blanco las montañas, y lobos, osos y águilas


—Inuki, no curiosees ese trasto, es un motor y puede contener sustancias venenosas. No sé cómo lo han tirado al borde del camino. Voy a contarte un chiste que me explicaron una vez.

Estaba Dios con todos sus ángeles en plena efervescencia creadora cuando, de repente, tuvo una inspiración.
—En este lugar —dijo señalando hacia aquí—, se levantarán unas montañas nevadas, en la falda crecerán frondosos bosques, más abajo dejaré zonas llanas cubiertas de fértiles praderas por donde discurrirá un caudaloso río —explicaba concentrado en su visión mientras los ángeles le escuchaban atentos.
— ¿Habrá fauna? —preguntó un querubín.
—Sí, sí. Será una tierra rica; con ciervos, corzos, osos, jabalíes, patos… de todo.


—Señor, me gustan los linces, ¿pondrás alguno?
—Claro, y lobos, también distintas especies de aves.
— ¿Y qué clima tendrá?
—Le daré un invierno con nieves para que estas montañas reluzcan cubiertas de blanco, lluvias en primavera que rieguen los campos y un verano suave que invite a disfrutar de la vida, pero sin exceso de calor ¡que esto no es el Infierno!
     ¡Ja, ja, ja! —se rieron los ángeles.


—No solo tendrá un paisaje hermoso sino que se vivirá bien; al hombre trabajador no le faltará la caza, obtendrá cosecha de cereales de sus campos, verduras y frutas de sus huertos, se criará hermoso su ganado, podrá cortar la leña necesaria para calentarse en invierno.
—Perdona, Señor —se atrevió a interrumpir un arcángel— pero este sitio es el Paraíso en la Tierra.
—Así es —prosiguió Dios—. Soy un dios generoso; Soria será una tierra de inspiración divina.
—Pero entonces… ¿para qué va a querer venir el hombre al Cielo si ya tiene un paraíso en la Tierra? Nadie tendrá interés, nadie se esforzará en ser bueno para ganarse el Cielo.
—Tú, tranquilo —replicó Dios sin inmutarse— que todavía no he terminado: voy a poner unos cuantos personajillos de tela marinera… ¡Verás como todos los demás tienen ganas de venir al Paraíso!
— ¡Ah, entiendo! —se rió socarrón el arcángel— según lo que hagan tendrán o no paraíso.

—Inuki, ¿tú qué crees que opinará Dios viendo Soria desde las alturas? ¿Piensas como yo que estará muy decepcionado? Solo hay que darse un paseo y mirar.

El hombre está esquilmando el Paraíso; ha deforestado zonas que fueron espesos bosques, corta y amontona leña,  y vuelve a cortar y a amontonar tanta madera que no tiene tiempo de quemarla. Veo pilones que ya estaban aquí cuando llegamos y no se han usado todavía y siguen creciendo cada verano hasta que se estropea toda. Es avaricia de acumular.

Han exterminado por miedo al oso y al lobo; por considerarlos dañinos, al lince y al águila imperial; envenenan ratones y zorros y rapaces; por superstición queman búhos vivos y matan gatos a pedradas o con petardos; por simple diversión destrozan los nidos de las aves, y por deporte cazan lo que no necesitan para comer. 

Se contamina el aire, el agua, la tierra y las plantas con insecticidas, herbicidas y basuras. Se arrasa con todo lo que la naturaleza nos ofrece, no se recolecta lo estrictamente necesario, se lleva todo aunque luego sobre y se tire. Es un despilfarro.

Los hombres ni siquiera son buenos para ellos mismos, Inuki, se hacen la vida imposible unos a otros.

Soria es de inspiración divina; como decía el ángel, un paraíso en la Tierra. Lástima que los hombres, en lugar de conservarla, la destrocen de manera sistemática. Aun con todo, Soria está mejor conservada que otros lugares que ya han sido expoliados por completo.

¿Qué pensará Dios? ¿Tú crees que dejará entrar en su Paraíso celestial a quienes destruyen el terrenal?



Un caudaloso río discurrirá entre fértiles praderas


En sus frondosos bosques, vivirán lobos, linces, osos y aves rapaces.


Será una tierra rica, con ciervos, corzos, jabalíes, zorros...


En los llanos crecerán trigales y les regalaré multitud de aves

 
El ganado se criará hermoso y cada primavera se reproducirá en abundancia