jueves, 30 de octubre de 2014

No perturbéis la paz de los muertos




Inuki, ya sé que tú no sueles ladrar nunca, pero por si acaso te pido que no digas ni guau. Vamos a pasar por el cementerio, y aunque los muertos suelen ser tranquilos y nada los inmuta, estos de aquí son un poco levantiscos.  Cada treinta y uno de octubre aparece el espectro de un árbitro que va murmurando una tragedia mientras deambula entre las ruinas de este pueblo deshabitado.

Años atrás, se celebraron unos campeonatos de fútbol juvenil en el campo que había casi al lado del cementerio. Aquella tarde la explanada de la ermita se llenó de autobuses y coches, la soledad del lugar se trocó en un galimatías de jugadores, aficionados y espectadores del pueblo y el silencio dio paso a una algarabía tremenda.

Se encendieron los focos que iluminaban el césped, la megafonía anunció el inicio del primer partido y el público estalló en aplausos animando a sus respetivos equipos. El juego se iba desarrollando con normalidad hasta que se produjo una falta que el árbitro no señaló y entonces los seguidores del equipo prorrumpieron en un griterío ensordecedor.
— ¡Uuuh!!Cabrón! ¡Vendido!
— ¡Árbitro, úntale mi… al pito!

Se escuchaban muchas animaladas de este estilo, que un hincha enfadado es un ser mutante; el pediatra más cariñoso, el arquitecto más educado, la estrella con más estilo, el diplomático más exquisito…  pierden la ternura, la educación, el estilo, la exquisitez y se convierten en bestias capaces de pegarse. 

Siguieron jugando hasta entrada la noche, celebrando los goles a pleno pulmón, desgañitándose para protestar las faltas y tocando bombos y sonando vuvucelas para animar a los suyos. Si en toda la comarca se oía el bullicio, en el cementerio de al lado reverberaba brutalmente entre las lápidas, retumbaba sin parar en los sepulcros perturbando así el descanso de los muertos.  

El griterío era ensordecedor y las aves huyeron despavoridas
 
Un nuevo favoritismo contra el equipo local puso en pie a la mitad del graderío y los abucheos y los insultos fueron entonces más atronadores si cabe.  Las losas de las lápidas vibraban haciendo resonar el clamor en el corazón de los hinchas enterrados. El equipo del alma lo es en la vida y en la muerte y los espíritus de los forofos muertos salieron de sus tumbas y se dirigieron al campo. 

Los espíritus salieron de sus tumbas
No te asustes, Inuki, pero ¿sabes qué pasó?  Los espíritus de los muertos se sentaron en las gradas entre el público, salvo once que ocuparon el cuerpo de los futbolistas locales y siguieron jugando, esta vez en completo silencio. Adivina por qué. Es sencillo; cuando los contrarios vieron que jugaban contra esqueletos traslúcidos se quedaron paralizados de miedo, los padres, los seguidores, los periodistas… estaban aterrorizados. Los muertos vivientes aprovecharon los últimos minutos para marcar un montón de goles y ganaron, ¡cómo no!


A la mañana siguiente, disipada la neblina del amanecer, los encontraron a todos muertos, sus corazones no habían aguantado el pánico. Ya sé que me vas a preguntar cómo se supo lo que sucedió. Las cámaras de los periodistas habían filmado hasta el alba.

Inuki, es mejor respetar la paz de los difuntos y pasar calladitos por este cementerio, porque lo más inquietante es que hallaron a todos los vivos muertos, pero a los que estaban enterrados no los encontraron; las tumbas siguen vacías. 

¿Dónde están los muertos, Inuki?  Quizá le han tomado gustillo a eso de ganar y se han marchado de gira a jugar más partidos.


El treinta y uno de octubre se ve a los espíritus rondando por el campanario de la ermita, ya no regresarán nunca a sus tumbas.