viernes, 12 de diciembre de 2014

Somos fastidiosos a más no poder





Sentada sobre la raíz de un quejigo acaricio a mi husky. 

— ¡Ojalá esta caricia te transmita el cariño que siento por ti y te compense de los sinsabores del adiestramiento! Sit, tumba, ven, quieto, corre, no corras, no caces… Es de locos, ¿verdad, Inuki? Los humanos somos fastidiosos a más no poder. Entiendo que, a veces, los perros mordáis al dueño.

Te preguntarás, entonces, por qué te atormento con tanta tontería. Pues es sencillo: si no atiendes mis órdenes ciegamente, puedes hacer algo prohibido y luego, no lo dudes, tendríamos problemas.

Quiero que obedezcas para llevarte sin cadena y que corras libre. Es una libertad raquítica, lo sé, pero la libertad en mayúsculas no existe. Ni siquiera yo soy libre, Inuki, todos estamos atrapados en algún sistema. Aunque, en algunas ocasiones, yo también tengo ganas de morder a alguien, sé que las extralimitaciones conllevan un castigo para obligar a respetar los límites de ese sistema. Se puede provocar la expulsión,  se puede intentar salir; pero lo dramático es que, inevitablemente, se va a parar a otro sistema en el que, en general, todavía se tienen menos oportunidades de influir en los malditos límites.* 




Un husky como tú sería muy desgraciado en un sistema urbano, como yo; en los pinares de Soria estamos mejor; sin embargo, tampoco te permiten correr por el bosque porque es coto de caza (como si solo los cazadores tuvieran derecho a disfrutar del bosque que es un bien público), no puedes meterte en un trigal (¿tanto destrozo provoca el paso ocasional de un perro? ¿o es que ignoran que los canes no comen trigo?), impensable morder a un delincuente para defenderme, tengo que dejarme robar, matar o violar… ¿Sigo? 




Tú provienes de unos huskies criados por una tribu india de Alaska. Me habría gustado conocerte en esos bosques infinitos,  que fueras un perro salvaje como un lobo y libre para estar conmigo cuando quisieras. Yo no sería tu dueña, sería tú amiga, pasearíamos juntos porque ambos disfrutaríamos de la compañía mutua. Jamás te habría atado, hubiera sido una falta de respeto, un abuso de confianza.

Casi no quedan lugares en el mundo donde aún se pueda vivir así, en Soria disfrutamos de una naturaleza  mejor conservada que en otros sitios de España, pero se nos queda pequeña con tantas  prohibiciones.  




— ¿Quieres vivir en Alaska; Inuki? ¿Te apetece conocer la tierra donde los indios criaron a tus abuelos?  —Inuki, me mira melancólico y para animarlo le hago una pequeña broma y sonrío—Claro que tendrías que cambiarte el nombre, ya que Inuki es japonés y no sería adecuado;  los indios te pondrían un nombre del estilo de Toro Sentado o Nube Roja. Mirándote bien, mejor Nube Peluda, ¿no?

Inuki gira las orejas hacia atrás, no parece que esté muy conforme, creo que Inuki le gusta más.


*Una matriz general. Un marco integrador. Aplicaciones cibernéticas al estudio psicológico y sistémico. Francisco Berenguer Cerdá. Editorial Club Universitario.



Pobre perro atado




Nube peluda. Inuki vuelve las orejas hacia atrás en señal de desaprobación. Creo que no le gusta ese nombre.