viernes, 23 de enero de 2015

Husky ornitólogo




Soria atesora grandes riquezas naturales y muchas de ellas son joyas aladas. 

—Inuki, prepárate que hoy haremos algo diferente.
El perro levanta la cabeza y me mira. Mi hija, que estaba leyendo, también.
— ¿Dónde vas así, mamá? ¿Por qué llevas los prismáticos y una carpeta?
—Voy al bosque a censar aves. Me he inscrito como voluntaria en la Asociación Española de Ornitología.
Por un instante me mira incrédula.
— ¿A tu edad? ¿Sabes que estás muy loca?
—Sí, hija mía, eso dicen de los locos: que tienen la cabeza llena de pájaros —me río— y te aseguro que yo la tengo a rebosar porque Soria es una de las provincias con mayor variedad de aves; por lo tanto, estoy loca perdida.

Cuando era pequeña, mi padre me regaló un libro en el que venían dos páginas llenas de dibujos de pájaros. El jilguero, el carbonero y el herrerillo eran mis preferidos por su plumaje tan colorido. Había visto algún jilguero enjaulado; pero nunca a los otros dos. Al llegar a Soria, ¡oh, sorpresa!, encontré a los tres en libertad tanto en el bosque como en los parques urbanos.
 
Sé que a ti no te llama la atención porque los ves con frecuencia, incluso en la ventana de casa, pero piensa que yo era una niña de ciudad con muy pocas oportunidades de disfrutar de la naturaleza. 




Vamos, Inuki, tú serás nuestro compañero de correrías pajareras. ¿Quieres convertirte en el primer husky ornitólogo? Si me prometes que no te portarás perro, te cuento dónde anidan los abejarucos, uno de los pajaritos más bellos que migran desde África hasta España. Son una de tantas joyas que se pueden contemplar en Soria, así que ya sabes: hay que protegerlos porque aquí es su lugar de reproducción y sería una pena que se extinguieran.

Mientras paseamos he encontrado una gran pluma de cigüeña, la recojo y me quedo pensando un momento mientras el husky me observa.
—Siempre te digo que no muerdas a nadie, pero he cambiado de idea. Siéntate, Inuki, hagamos una ceremonia oficial.
El perro se ha sentado y me mira atento. Toco con la pluma primero una oreja, luego la otra.
—Inuki, yo te nombro Husky Ornitólogo —declaro con voz solemne— y te doy licencia para morder a quien destroce un nido o mate un pájaro.
La pluma le produce cosquillas en las orejas e intenta morderla.
— ¡Serás chucho pulgoso! Como muerdas mi pluma, te pego una plumita en cada oreja y verás qué guapo; parecerás un búho.
Inuki gruñe, salta y se encabrita y yo lo persigo con la pluma haciéndole cosquillas y riendo.


Mi vecino el carbonero