domingo, 1 de marzo de 2015

Messi me ladra un autógrafo






          Queridos amigos perros: 

          En una expedición más allá de Soria he conocido una tierra muy distinta.  Atravesando la cordillera Ibérica a la vera del Moncayo, he pasado de las llanuras cerealistas castellanas a los pinares y las estepas aragonesas, y salvo una inesperada gineta, nada me ha llamado tanto la atención como lo que he encontrado al cruzar la sierra del Maestrazgo. 

          He descubierto que existen cielos más azules, y que la cálida luz mediterránea ilumina todo el levante con una chispa de alegría y de vida incomparables. Sin duda la primavera viene a pasar aquí el mes de enero. ¡Qué exuberantes naranjales! ¡Qué hojas tan verdes y brillantes! ¡Cuántas mandarinas y limones y caquis! ¡Qué elegantes palmeras!

          Mi dueña comenta que le gustan tanto los dátiles como los albaricoques, y recuerda con añoranza los viñedos y los olivares que cultivaba su abuelo en la montaña y las almendras que traía para elaborar turrón. ¡Qué delicia! Con la mirada perdida rememora momentos de intensa felicidad. Explica que, en Valencia y Alicante, la luz, los colores y una generosa naturaleza se trenzaban de forma tan sensual que invitaban a disfrutar de la vida.

          Quizás fue así hace tiempo; sin embargo, a un perro campero como yo le abruman estas grandes ciudades con tanta gente, tanta circulación y tan poco parque. La ventaja es que con tanto de todo uno se da un paseo y, cuando menos se lo espera, se encuentra delante de un precioso chalet. Nos preguntamos de quién será y resulta que es el del mismísimo Messi. Y allí está él en cuerpo y alma y lo saludo enseguida.
—Guau, guau. Guau, guau. (Traducción: “¡Qué alegría verte, Messi! Me gustaría tener tu autógrafo.”)
—Guau. Grrr. Guau, guau. (Traducción: “Claro, amigo.”)

          Messi me ha ladrado un autógrafo y nos hemos despedido porque se iba a correr un rato para mantenerse en forma. Yo, en cambio, he preferido explorar un agreste paraje de pinos piñoneros, romero y tomillo que olía de maravilla, luego he divisado un castillo y he subido hasta allí para investigarlo.






Messi, tanto entrenamiento te va a matar; estás muy delgado
  

          De regreso a casa,  ha sucedido lo más extraordinario del viaje; andábamos campo a través, y en un recodo, la impactante mirada de un lobo se ha cruzado con la nuestra. Nos  hemos observamos durante un instante, luego se ha emboscado.  ¡Qué lástima que fuera un encuentro tan fugaz! 

          Un mordisco de broma.

                                                       Inuki