viernes, 17 de abril de 2015

Con "S" de Soria, con "S" de Silencio

Inuki junto al roble inclinado



Ando distraída por el pinar, la mente, de vacaciones, sin pensar en nada concreto, únicamente voy disfrutando de cuanto la Naturaleza ha puesto para mí. En un momento dado, me doy cuenta de que no se oye nada, nada en absoluto, me detengo para escuchar mejor: nada. 

Tanto silencio resulta sobrecogedor. Me pregunto por qué será y se me ocurre que el silencio se ha convertido en un bien escaso, sobre todo, en la ciudad: ruido de obras, de tráfico, de sirenas, música del vecino, televisión, discusiones… siempre se produce algún tipo de estruendo. 

Estamos viciados a escuchar de continuo algún barullo de fondo, por eso el silencio en mayúsculas produce desazón, incomoda; sin saberlo hemos enfermado de ruido. Al hacerlo consciente, la sensación de vacío que produce la ausencia de sonido va cambiando por otra de alivio y comienzas a apreciar la tranquilidad y lo bien que se está aquí.

Entonces, vuelves a escuchar: nada. ¡Qué paz para la mente! Luego afinas el oído y oyes tus pasos, alguna ramita que se quiebra, la brisa que suspira entre las hoja, todo es tan leve…, este es el nivel de ruido de la naturaleza. ¿Cuánto tiempo hace que el hombre lo perdió? ¿Cómo pueden gustar tanto las discotecas? Es posible que esa música transmita vibraciones al ritmo de un corazón acelerado y esta sensación nos recuerda a lo que sentimos cuando algo nos emociona, pero el volumen tan alto nos licúa el cerebro y los tímpanos.


Inuki, la luna, los pinos y el silencio.

El silencio es un bien en peligro de extinción. Voy a proponer que estos bosques sean declarados Reserva del Silencio para que lo protejan. ¿De quién? Pues de cualquiera que destroce, ensucie, mate o arme follón.

Voy disfrutando de este silencio, tesoro impagable de Soria, cuando inesperadamente resuena en todo el pinar el trino de un pinzón, Inuki ladra, sobresaltado igual que yo; después me río porque este es el máximo estrés sonoro que sufro aquí: el canto de un pajarito, el ladrido y mi risa, que han sonado como un estallido en medio de tanto silencio. 

— ¡Mira que somos escandalosos, Inuki! Acabamos de romper la copa de cristal transparente que es el silencio. Si estuviera aquí la policía del silencio, seguro que nos pondría una multa.

 
Ha dejado de jugar con la correa, está atento, buscando al pinzón que ha roto el silencio con sus trinos