domingo, 12 de abril de 2015

O.N.G "Salvad a las ranas"




Con motivo del I Curso de Identificación de Anfibios Sorianos de la Asociación AMAR Soria.
Los niños tienen una imaginación asombrosa y una rana es un motivo estupendo para jugar, aunque la rana sea de plástico.  

Estela juega con las ranas

Al acercarnos a la charcha oímos un coro de ranas croando animadamente, Inuki se queda  escuchando y observando, luego se aproxima curioso, y al instante, se callan todas y saltan al agua. El husky me mira perplejo.
— ¿Es tu primera rana, Inuki? Son escandalosas, ¿verdad? Y divertidas para jugar.
Cuando tu amiga Estela era pequeña, su abuela le regaló un bolígrafo con forma de nenúfar y una ranita encima. El bolígrafo pesaba demasiado para escribir, pero la ranita... la ranita tenía muchas posibilidades, así que la arrancó y, en ese instante, surgió un nuevo mundo; fue más o menos como el Big Bang de las ranas.


— Te llamarás Lily, serás mi mascota y cuidaré de ti —dijo Estela. Una declaración de intenciones así no deja lugar a dudas, pero la rana no entendía ni papa.
— Rapip, rapípip —contestaba la rana por boca de Estela.
— ¿Qué dices? —preguntó la madre de Estela extrañada.
— Nada, no estoy hablando contigo, mamá, hablo con Lily. Es una rana o hablas en idioma rana o no te aclaras con ella. Rap, rapípip, rapip.
— Tienes razón, nunca he estudiado esa lengua y no entiendo nada.



Este mundo emergente requería muebles a medida y ella se puso enseguida manos a la obra.
— Mamá, necesito un trozo de ropa para hacer las sábanas de Lily.
— ¿Me regalas esa cajita?  He pensado que sería un parque perfecto para mi rana. Préstame el celo que estoy fabricando una estantería para sus libros.
— Mira, papá, adivina qué es esto. Te doy una pista: es para Lily —pero no le da tiempo a contestar— es una piscina con trampolín y todo.



Lily era un batracio muy feliz hasta el día del accidente.
— ¡Qué desastre! ¿No sabes lo que le ha pasado a la pobre Lily? —dice mientras abre la mano y nos enseña la rana vendada.
— ¿Qué le ha ocurrido?
— Ha tropezado con las naranjas de la compra y se ha hecho un esquince en el anca, por eso he tenido que inmovilizársela, pero mira: la muy loca sigue queriendo saltar.
— ¡Vaya mala suerte!
— Voy a llevarla al hospital –de pronto, lanza la rana por los aires. —Ven aquí, no tengas miedo que no te harán daño, solo será una radiografía.
— Rapi, rapi —gime.




La rana y Estela se compenetraban muy bien en todo menos en la comida.
— Lily, mira: una mosca. Cómetela.
— Ri, ri, ripap
— ¿Sabes qué me ha dicho, mamá? que no es tan guarra.
— Vale, pues te preparo crema de saltamontes.
— Rapi, rap
— ¿Qué no te gustan? —traduce Estela.
— ¿Quieres comer pastel de mosquitos?
— Croac choc – que significa pastel de chocolate.
— ¿Desde cuándo las ranas comen chocolate? Te estás convirtiendo en una rana muy finolis.


Es la hora del baño. Te prometo que el agua no está fría, salta. ¿No quieres? ¿Qué pasa que mi mano está más calentita?


Esta pasión por los anfibios se extendió a los del campo, y a la que sus padres se descuidaban, llevaba una ranita en la mano.
— Fíjate qué pequeña es. Me voy, tengo trabajo.
La tarde transcurría mientras ella excavaba cuevas refugio, buscaba piedras planas que sirvieran de mesa, cazaba mosquitos y hormigas... Al anochecer, se despedía de su protegida con mucho pesar.
— Adiós, pequeñita, no sé si volveré a verte.

Una semana después, regresaron al lago a bañarse y...
— ¡Mamá, papá! La rana todavía está en la casita que le hice, se ha quedado a vivir.
— Es increíble.
— Pues no, porque yo la salvé y le construí una casita con terraza y todo. Ranita, me baño un poco y luego vengo a jugar contigo, ¿vale?   Hermano, ¿buscamos ranas y las salvamos?
Estela constituye, ella solita, una ONG que bien podría llamarse Salvad a las ranas.

—Ya ves, Inuki, las ranas también son amigas y no puedes cazarlas.


Nunca he dejado que mis hijos maltraten a las ranas o se las lleven a casa porque supone la muerte para ellas.