miércoles, 1 de abril de 2015

Ya no tiene el encanto rural que hacía soñar




Acabamos de cruzarnos con unos turistas.

—Yo no le encuentro ningún encanto a este lugar, será porque no hemos descubierto los sitios más bonitos —comentaba una mujer.
— ¿Has oído, Inuki? Esa señora estará ciega, porque desde esta colina se divisa Pinar Grande, el embalse de la Cuerda del Pozo, los picos de Urbión y la sierra Cebollera; nos sobrevuelan cigüeñas, milanos reales y cernícalos y, si mirara hacia los prados, quizá vería corzos o algún zorro. 

No obstante, quienes pretender vivir del turismo rural deberían reflexionar y preguntarse por qué motivo los clientes quedan desencantados y deciden no volver. ¿Qué expectativas tenían que no se han cumplido?




En este caso, la mujer no ha levantado la vista para disfrutar del panorama, ella miraba a corta distancia y, francamente, reconozco que tenía razón. ¡Nadie hace un viaje de un montón de kilómetros para ver chabolas, inmundicias, casas decrépitas y basuras abandonadas en cualquier parte! Y, por desgracia, es lo que estaba contemplando. Con toda lógica no regresará ni recomendará este lugar.

Es necesario cuidar la estética del pueblo y la limpieza; rural no significa descuidado. Las flores son un recurso barato para embellecer rápidamente una construcción sencilla, los caminos arbolados que ofrecen sombra favorecen agradables paseos…, se deben cuidar los detalles para que todo resulte entrañable y acogedor. Hay que remarcar la diferencia entre el calor humano y la cercanía que representa un pueblo y la frialdad y el anonimato de la ciudad.

Existe otro elemento desaprovechado: los animales. Muchos visitantes, en especial los que traen niños, esperan ver gatos, ovejas, cabras, gallinas, burritos…, y no es buena idea defraudarlos. Dar un paseo y cruzarse con un zorro, un corzo o un buitre leonado majestuoso es una experiencia que no suele olvidarse. Para algunas personas, observar lobos en libertad es algo extraordinario pues en su mente el lobo simboliza la libertad, lo agreste, la poca naturaleza más o menos salvaje que nos queda. Es un error matar zorros, cazar ciervos y echar a las aves.

El tipejo que dispara a las ardillas desde la ventana de su casa se divierte mucho, pero se está cargando un reclamo turístico.  Una casa rural con un pino donde habitan ardillas es más sugerente que otra que no ofrece nada, un bosque con animales es más interesante que otro desierto.


Dehesa al atardecer cuando aún tenía ese encanto que hacía soñar


Años atrás, en una dehesa vivían caballos silvestres. Al principio nos advirtieron de que eran salvajes, por tanto, no lograríamos acercarnos; sin embargo, con paciencia, no solo pudimos acariciarlos sino que nos seguían en nuestros paseos. Ni siquiera mostraban recelo cuando tenían potros recién nacidos. Con ellos pasamos algunos de los mejores momentos de nuestras vidas porque, aun siendo caballos libres, elegían estar con nosotros.

Un día los capturaron para subastarlos. Desde entonces, el río ha perdido su mayor interés y ya no vamos casi nunca. Me viene a la memoria un fragmento de una canción de Charles Aznavour: “… ya no tiene el encanto que hacía soñar

La Soria rural se está despoblando porque no se generan recursos económicos suficientes, a falta de industria y servicios, se recurre a lo único que queda: una naturaleza espléndida. Se  intenta que la gastronomía y el turismo rural sean una fuente de ingresos, pero habrá que explotar la naturaleza con un cuidado exquisito; es imprescindible que no pierda ese encanto que hace soñar.


 
Esmeralda y Luna recién nacida. Te llamarás Luna por el dibujo de la frente.

 
No hay recelo entre ellas, se reconocen igual de pequeñas, con las mismas ganas de jugar. Si las dejáramos, serían amigas inseparables.

 

Tardes inolvidables con Dalila. Esta yegua era su favorita porque la conocía desde que nació.
 


La canción Venecia sin ti de Charles Aznavour adaptada a nuestra pérdida sería algo así:


La dehesa sin la manada de caballos
Que profunda emoción
Recordar el ayer
Cuando toda la dehesa era un vergel
Ante mi soledad
En el atardecer
Tu lejano recuerdo me viene a buscar
Que callada quietud
Que tristeza sin fin
Que distinta la dehesa si me faltas tú
El sereno pinar
Ya no tiene el encanto que hacía soñar
Hoy la dehesa sin ti
Qué triste y sola está.




¿Basura con encanto?
 
¿Quién hace kilómetros para ver peñas-chabola y basura?