miércoles, 6 de mayo de 2015

Adiestrando a Zarza

Kitito te presento a Zarza, mi perra. Tenéis que ser amigos.


En este mundo existen muchas razas de perros, Inuki, pero ninguna tan redonda y exclusiva como Zarza, la perrita de Estela. Ya sé que hay cantidad de perras grises, imagino que muchas serán también cachorras, sin embargo, ninguna como la suya, porque la suya es esférica perfecta: es una pelota. Nadie puede imaginarse trabajo más terrible que entrenar para perro policía a una perra-pelota-gris-y-cachorrita.   

— ¿Saldremos esta tarde a la plaza? Tengo que seguir con el adiestramiento de Zarza.
—Dentro de un ratito.
—Vale. Zarza, ven, prepárate —dice a su perra mientras la ata con una goma a modo de correa
— ¡Guau, guau!

A las cinco bajamos a la plaza dando un paseíto. De camino, encontramos a Eduardo, un compañero del colegio que se queda estupefacto mirando la pelota atada y, al fin, la curiosidad le vence y pregunta por qué la llevamos así. 
—Es nuestra perra.
Seguramente pensará que estamos locas de atar, es decir: que nosotras somos las que deberíamos de estar atadas.
—Un perro... ¡Ya! Y es redondo porque solo come albóndigas, ¿no? —lo dicho: nos sigue la corriente como si estuviéramos locas.
—Pues sí. ¿Cómo lo has adivinado? —Y nosotras divertidas continuamos la broma.

Seguimos calle abajo. Estela le da un puntapié a la pelota y como va sujeta por la goma se aleja, pero enseguida regresa.
— ¡Zarza, ven aquí! Eres una chucha revuelta.
—Querrás decir revoltosa.
—Pues sí, pero se porta tan mal que no sé qué digo —explica mientras bota la pelota y esta salta por encima de su cabeza—. ¡Cachorra alocada! ¡Mariposa sin patas ni alas!


Cuando Zarza se calma la sube a un pilar y empieza el adiestramiento.
—A ver, siéntate y dame una patita —la pelota rueda y cae al suelo— No te vayas.
—Guau, guau. –Estela simula los ladridos de la perra.
— ¡Ven aquí, lagartija! – le grita y echa a correr detrás de ella— Cuando te coja, verás...
—Guau, guau, guau.
—Ya te tengo. No tires de la correa. Vamos a probar algo más fácil. Tienes que oler este palo, luego yo lo lanzo por ahí y tú me lo traes, ¿vale?
—Guau —al parecer, Zarza está conforme y sale disparada atravesando la plaza como un rayo, pero no vuelve.
—Zarza, busca, busca. Venga, perrita lista, busca, busca —Las palabras de aliento no surten efecto, Zarza sigue inmóvil—. Está oliendo algo distinto, quizá sea droga porque ya sabes que Zarza está entrenada para detectar droga escondida. Voy a ver —Y se va corriendo.
—No es cocaína, es bacalao.
— ¿Bacalao? Nunca he oído hablar de esa droga.
—Mamá, bacalao es bacalao, un pescado. ¿No recuerdas que aquí celebran la feria gastronómica? Pues hay trocitos de bacalao por el suelo.
— ¡Ah! —es que no doy ni una.
—Zarza, te voy a enseñar a ser una perra pija. Tienes que bajar las escaleras suavemente y a mi lado.
—Grrrr, grrr, grrr.
De un patadón formidable la pelota ha ido a parar al otro lado de la plaza.
—Creo que no le ha gustado eso de ser una perra pija –me dice, y se va a por la pelota—. ¡Vuelve, si ya sé que no eres una pija, eres una chucha pulgosa!

La tarde es deliciosa,  Zarza y Estela corren de un lado para otro y yo disfruto viéndola jugar tan a gusto.

Una, dos y tres, ¡salta!