sábado, 16 de mayo de 2015

Estela adivina, imagina, sueña

Kírara contempla el panorama desde la ventana



—Estela, come —y repito al cabo de unos minutos—: Estela, come.
—Si ya como... es que estoy masticando.
—Estela, bébete la leche. —Será verdad que la paciencia es infinita—. ¿Todavía no has terminado?
—Casi.

Nunca ha sido rápida para comer, pero desde que come de espaldas a la mesa, aún es peor. Podría pensarse que comer de espaldas a la mesa es un castigo, igual que ponerla de cara a la pared; sin embargo, no, no se trata de un castigo, es que se vuelve de cara a la ventana. Y al otro lado de la ventana, existe un mundo maravilloso donde siempre sucede algo interesante.


Desde la ventana vemos un zorro atravesando el trigal

—Mamá, ¿quién piensa en comer cuando un zorrito merodea por el pinar?
—Vimos al zorrito por la tarde, ahora, estará durmiendo. Desayuna.
—El zorro es nocturno y, es posible, que todavía no se haya acostado.
—Bébete la leche que se cuajará la nata.
—Aquí nunca se sabe lo que aparecerá de repente. Muchas veces hay corzos. ¿No te acuerdas de la ardilla que salió del pinar y cruzó la carretera hasta aquí?
—Sí. Vaya sorpresa. No pensaba que estuvieran tan cerca.


Nuestros vecinos los corzos

— ¡Mira! ¡El cernícalo! Con que no había nadie, ¿eh? Fíjate como bate las alas sin desplazarse ni un centímetro —clava los ojos en la rapaz y contiene la respiración como si así la ayudara a mantenerse siempre en la misma vertical y susurra—: A-ho-ra  no  pue-do  de-jar  de  mi-rar  hasta que se mueva.
— ¡Lo que faltaba! Es una maravilla, pero acábate la leche.
—Espera que se ha tirado en picado y quiero ver si ha cazado algo.
—Espera, espera... ¡La leche! Ya no te lo digo más.
—Voy —contesta mientras bebe apenas un sorbito, no sea que se ahogue.


Cuando al final termina, bromeo.
—Toma el bocadillo del cole. Espero que no te salga ningún zorro a la hora del patio y que te lo comas enterito.
—Un zorro no, pero a menudo sí veo cigüeñas, gatitos, petirrojos o colirrojos... Lo más peligroso es que aparezca la bandada de buitres.
— ¿Por qué? ¿Se comen los bocadillos de jamón?
—No, pero si estás masticando y, al mismo tiempo, mirando al cielo para contar cuántos van, seguro que te atragantas y, encima, te descuentas.
—Ya veo. ¡Qué problema! Es hora de irse a la escuela.


Nos visita una bandada de buitres leonados


Como no tenemos aspecto de muertos se van

A mediodía la situación no es mejor porque todavía hay más ojos observando.
— ¡Mirad! ¿Qué es eso que cruza el campo a la carrerilla? –exclama su padre.
—Parece un jabalí –opina Estela.
—Sí, un jabalí enooorme andando a sus anchas.
—Mamá, ¿recuerdas el día que bajamos hasta ese riachuelo y te dije que, por detrás de ti, había huido un animal?
—Sí, pensé que se trataba de un zorro, pero tú contestaste que era demasiado grande y negro. Como estábamos jugando a detectives, creí que me tomabas el pelo.
—Pues no, era verdad.
Un escalofrío me recorre la espalda al imaginar la reacción de un jabalí contrariado. Aunque viéndolo corretear tan tranquilo desde aquí, hasta parece monísimo.


Y si vienen los carboneros a mi ventana ¿me los voy a perder?

—Los animales alegran el paisaje —murmura Estela como si hubiera leído mis pensamientos.
—Señores, nos hemos olvidado del plato. A comer.
—Mamá, hay un jabalí. ¿Qué importa el arroz? ¿No entiendes que nunca había visto uno?
—Claro que sí. Y tú, ¿comprendes que también tienes que comer?
—Sí, pero ¿entiendes que yo tengo que vigilar por la ventana?  ¿Y si han venido los gatitos a comer?, ¿y si el carbonero se posa en los hilos de tender?, ¿y si viene un pájaro desconocido?, ¿me lo voy a perder?
Además, a papá y a ti también se os enfría el café observando cómo planea el milano real.
—Es cierto. Si no hubiéramos estado mirando por la ventana, no hubiéramos visto al milano lanzarse en un picado sobre nuestro alféizar y llevarse el pollo que le habíamos puesto a la urraca.

¿Cómo voy a regañarla? si comprendo que se quede distraída contemplando, más allá del cristal, campiñas y pinares misteriosos; porque Estela no solo ve lo que hay, ella adivina, imagina, sueña...  


Nuestros vecinos de enfrente


Un herrerillo viene a desayunar
 Estas fotografías han sido tomadas desde la ventana de casa.