jueves, 18 de junio de 2015

Amapolas



Un día el delineante llega con su tractor y dibuja multitud de paralelas. El tiempo transcurre, germina el trigo y el llano se cubre de verde, las espigas crecen y maduran; mecidas por la brisa, parecen un mar con sus olas doradas y esmeralda y sus peces de amapola jugando a saltarlas.






Hay algo cautivador en esa flor, quizá el contraste entre la fragilidad de sus cuatro pétalos y la tremenda intensidad del rojo más puro y el negro más negro. ¿Cómo algo tan sencillo puede ser tan impactante?


Siempre que veo amapolas recuerdo este poema de Juan Ramón Jiménez.
Amapola, sangre de la tierra;
amapola, herida del sol;
boca de la primavera azul,
amapola de mi corazón!

¡Como ríes por la viña verde,
por el trigo, por la jara, por
la pradera del arroyo vivo,
amapola de mi corazón!

Novia alegre del corazón grana;
mariposa de carmín en flor;
amapola, grito de la vida
amapola de mi corazón.