sábado, 6 de junio de 2015

¿Quién se ha llevado mi queso?



¿Quién se ha llevado mi queso? es el título de un libro escrito por Spencer Johnson. Estela lo leyó para un trabajo del instituto y una de las preguntas que debía contestar era quién pone el queso. 

Ignoro si el Sr. Spencer ha logrado descubrir quién se lleva su queso tras lanzar al mundo entero esta llamada de auxilio en forma de libro, tampoco sé si entre todos los alumnos del instituto averiguarán quién pone el queso; pero en casa ya hemos resuelto estas cuestiones tan graves.

Lo descubrió Estela por pura casualidad, por esa manía de leer y observar. Y sí, el queso se lo lleva un tipo con antifaz muy listo. En contra de lo que cabría esperar en un lugar donde abundan los ratones y los topillos, nuestro ladronzuelo no es un roedor; es un acróbata de altos vuelos: el carbonero, alias el de la corbatita. Estela lo apodó el de la corbatita porque una lista negra le atraviesa el pecho.


¡El carbonero se lleva el queso!

Aparece de pronto, se cuelga de la pared como un trapecista, analiza la situación, salta sobre una rama, atrapa un pedacito de queso, se lo traga, aletea, rebusca boca abajo en las ranuras de la corteza, saca un bichito, vuelve al queso, pica un buen trozo y desaparece. Sucede todo tan rápido que nuestra vista no tiene tiempo de captar cada movimiento, lo ves aquí y al instante está allí. Es muy activo, quizá por eso le gusta tanto a Estela; porque se parecen, ninguno de los dos descansa ni un momento.




La idea de ponerle queso se le ocurrió al leer que en Inglaterra estas aves perforan las tapas de las botellas de leche para comerse la nata adherida al cuello.
— ¿Le ponemos un vaso de leche? No, la leche sin Cola-Cao no es que esté muy buena —discurría ella muy seria—. Si yo fuera pájaro, preferiría queso.
Por lo visto acertó; si el carbonero fuera pájaro, también preferiría el queso.


Veamos qué tenemos en la despensa: queso, nueces, pipas y alpiste.

El pajarito es más hermoso que una joya. Nunca me han atraído las joyas, nunca he sentido deseos de tocar las piedras preciosas, sin embargo, este pájaro me fascina.
Intensos colores en contraste. ¡Qué daría por acariciar esas plumas satinadas!
Tecnología aeronáutica de última generación. ¡Volar parece tan sencillo!
Acrobacias en el aire, aterrizajes certeros, despegues instantáneos... con una gracia deliciosa. ¡Parece mentira que pueda funcionar tan bien algo tan pequeño!
Desplegar las alas en abanicos de colorines y planear sobre la campiña. ¿Qué se sentirá? ¿Libertad? 

Carboneros, herrerillos, jilgueros, abejarucos, urracas, abubillas, rabilargos, colirrojos, trepadores azules, pica pinos, cigüeñas... ¡Cuántas joyas!, por no hablar del tesoro del águila real, el milano, el buitre leonado, el cernícalo...  Ante semejante cúmulo de riquezas, se llegaría a la conclusión de que somos una familia muy rica. ¡Mira qué bien! 


Esta entrada quiero dedicarla a Juan Carlos, profesor de biología, que interrumpe una clase para que sus alumnos escuchen el trino de un pájaro, y luego les explica sus características.
  
 
¡Hasta luego!