viernes, 12 de junio de 2015

Un pacto de gran impacto



Existen pactos que serán muy importantes, pero que nos suenan lejanos como los Pactos de la Moncloa o el Pacto de Toledo porque, en realidad, la trascendencia del pacto la medimos por lo directamente que nos afecta. En la vida de Estela, el Pacto del Garbanzo es el que ha tenido mayor repercusión.

Una mañana, encontramos a Julián, el vecino, y nos dijo que quería discutir con nuestra hija sobre un tema muy grave. Al regresar del colegio, la estaba esperando.
— Estela, tenemos que hablar seriamente. Tengo un problema con tus gatos.
— Los gatos no son míos, son de Aurora —esquivó Estela por si acaso, que este Julián es de armas tomar.
— Sí y no, porque tú eres quien los cuida y es a ti a quien siguen... así que tú eres un poco responsable —empezó a liarla.
— ¿Qué han hecho?
— Carasucia se mete en el huerto, me revuelve la tierra y arranca lo que acabo de plantar —explicó Julián con cara de lamento.
— No se llama Carasucia, se llama Suly —corrigió Estela. (Julián sabe muy bien que se llama Suly, pero como el gato es siamés y tiene la cara oscura, la chincha un poco.)
— Además Perla se mete donde están las gallinas.
— ¿Eso hace? ¿Te ha matado alguna?
— No, pero como hace frío se va a dormir con ellas.
— ¡Ah! que gata más lista —exclama Estela entre aliviada y divertida.



— Bueno, a lo que vamos: esto no puede seguir así. Tenemos que hacer un trato... —y deja la proposición en el aire.
— ¿Qué trato?
— Uno que me compense por las molestias que causan los gatos —no aclara más.
— A ver —dice Estela un poco mosqueada por tanto suspense.
— He pensado que cada uno tiene que hacer un sacrificio: yo no los echo de mi parcela y les permito dormir con las gallinas cuando hace frío y tú debes comer tres platos a la semana de legumbres y verduras de las que menos te gusten.
— ¿Qué? ¡Ni hablar!
— Pensaba que aceptarías porque si te fijas bien, yo salgo perdiendo —se queja Julián.
— Bueno, comeré: lentejas, lentejas y lentejas —Decide Estela que rápidamente ha escogido la legumbre que menos le disgusta.
— ¿Solo lentejas? No, no, has de comer garbanzos y alubias. No hay pacto sin garbanzos.
— Vaaale —acepta fastidiada.

Así se acordó el Pacto del Garbanzo. Desde entonces, cuando Estela come garbanzos o alubias me recalca que se los ha comido y que se lo diga a Julián. A ver si voy a meter la pata, ¡con lo que le cuesta comer esa inmundicia! Si Julián es un hombre de recursos que se las ingenia todas, Estela es una mujer de palabra y cumple su parte. Un pacto es un pacto.

Ya veis: el Pacto del Garbanzo tiene más impacto en la vida de Estela que el Pacto de Toledo.

Como representante de las gallinas te comunico que, en virtud del Pacto del Garbanzo, solo puedes dormir con nosotras si Estela come verduras y legumbres.