sábado, 15 de agosto de 2015

Con "S" de Soria, con "S" de Santuario - Bajo el sol del Himalaya




Sentados en la cima de la montaña, bajo el sol del Himalaya, dejamos la mente serenarse. El espíritu se eleva libre,  nadie interrumpe nuestras reflexiones, nada perturba la tranquilidad. Lejos  de todo y de todos, sin condicionantes, desnudos de artificios, estamos a solas con nosotros mismos. Cuerpo y mente armonizan a su ritmo, no hay prisas ni interferencias ni presión.

En todas las culturas se han buscado lugares y momentos para la soledad. A menudo, se han convertido en sitios sagrados. Sin embargo, en la actualidad, se desprecia. Las personas no saben permanecer solas un tiempo, se sienten incómodas; en parte, porque la sociedad considera la soledad un fracaso personal e impone: la pertenencia al grupo, la presencia en las redes, la colección de amigos, la realización de multitud de actividades…, todo a un ritmo frenético y sin importar la calidad. Nunca se ha sido tan individualista, y al mismo tiempo, se ha estado tan manipulado por la sociedad. Pocos son los que se paran. Reflexionan. Y, luego, escogen su rumbo.

Cuando las personas acaban rotas, se preguntan qué ha pasado, cómo han llegado a la autodestrucción, entonces intentan encontrarse a sí mismos y sienten la necesidad de aislarse para evitar las injerencias de otros. Algunos viajan hasta la otra punta del mundo, al Tíbet, por ejemplo. 


 
Cada uno se relaja como quiere; Inuki poda ramas secas.

— ¿Inuki, te has encontrado a ti mismo? ¿Está bien alineada tu cola? ¿Has meditado sobre el instinto lobuno?
El husky me mira preguntándose qué le estoy diciendo.
—Te veo relajado, perro. Volveremos centrados y renovados. Andando, que tenemos una hora de camino hasta casa.
Inuki echa una oreja hacia atrás.
— ¿A qué viene esa mirada? ¿Estás desconcertado porque te he dicho que estábamos bajo el sol del Himalaya? Pues es verdad, no te he mentido, Inuki. Este sol es el mismo que estaba sobre el Himalaya hace unas horas, por tanto, estamos bajo el sol del Himalaya. 

Ya ves, perrete, en la Soria rural vivimos tan pocas personas que podemos estar igual de solitos y tranquilos que en el Tíbet; tenemos: sierras, bosques, ríos, cielo y el mismo sol, ¿para qué irnos al extranjero? No es necesario, sobre todo, porque lo que buscamos está dentro de nosotros y Soria es lugar muy adecuado para hallar paz. 

Inuki, Soria es un santuario.



 
En lo alto del Sabinar de Calatañazor, bajo el cielo azul, iluminado por el tibio sol, un santuario de paz y tranquilidad.
 Desde aquí arriba se toma distancia de cualquier asunto, todo se relativiza, allá abajo lo mundano parece insignificante.