sábado, 19 de septiembre de 2015

Cara a cara



 

Estela atraviesa el prado a la carrera, juega a ser un caballo al galope. ¡Qué descarga de adrenalina! Vuelve con las mejillas coloradas y los ojos brillantes. ¡Cómo disfruta esta niña! 

Se mete en una hondonada a investigar. Podría haber setas. Pues no, ni una. Sigue su incursión mientras canta como otro pajarito más. Desde el lindero del bosque contempla la pradera y su voz cantarina se interrumpe, una idea ha cruzado su mente: «Voy a subir a ese árbol».


Sabinar de Calatañazor

Corre hasta un pino inclinado por la fiereza del cierzo, se abraza al tronco, apuntala el pie e intenta trepar. Mira hacia arriba y sus pupilas se dilatan ante lo inesperado.
— ¡¿Qué?!
— ¡Hii!!!—chilla él.
— ¡Ah!!! —grita ella sobresaltada.
—Mamá, papá, ¡qué sorpresa!, intentaba subir a ese árbol y me he encontrado cara a cara con un ratoncito de campo, pero cara a cara, ¿eh?  Los dos nos hemos asustado y hemos gritado, aunque durante unos segundos nos hemos mirado a los ojos. Era de color arena, tenía unos ojitos negros y bigotes largos, parecía muy suave. Me hubiera gustado verlo un poco más, pero se ha ido tan rápido... ¡Qué lástima! A los dos se nos ha ocurrido la misma idea: trepar por el pino.

— ¡Qué suerte! Ya me hubiera gustado verlo a mí también.
— No quería asustarlo. Le dejaré unas cuantas bellotas encima del árbol para que sepa que soy su amiga.

Una aventura muy intensa. Esta noche soñará con ratoncitos camperos.


Era de color arena, tenía unos ojitos negros y bigotes largos, parecía muy suave.    Fotografía de HebiFot - Pixabay