sábado, 5 de septiembre de 2015

Las gallinas entienden de arte




Camino del colegio nuestro vecino Julián tiene un corral de gallinas. Estela, que se interesa por todos los animales, las llamó y ellas se acercaron por curiosidad. Entonces, se le ocurrió traer pan y darles de comer. Como el pan tuvo mucho éxito, y cada vez que la oían se agolpaban todas cerca de la verja, decidió ampliar la dieta a lechuga, maíz, lombrices y tomates. 

Corta la lechuga a trocitos y la mete por los agujeros de la tela metálica para que la picoteen. Yo le aconsejo que la tire toda de golpe; sin embargo, ella considera más divertido dársela en el piquito. Lo peor son las lombrices. Cuando llueve tenemos que salir un rato antes de entrar a la escuela para que le dé tiempo a encontrar unas cuantas. Luego las recoge con un palito y se las lleva a las gallinas, que se pelean como locas por pillar una. Según ella son los espaguetis de las gallinas. 

Lo malo es que siempre me pide colaboración y, una mañana, Julián nos sorprendió con las manos en la masa, mejor dicho, en las lombrices. Le pregunté si le parecía normal que una madre fuera con un bicho colgando de un palo y, claro, me contestó que no. Ya me lo temía. ¡No quiero ni pensar la idea que se habrá formado de mí!



 
Sabemos que las gallinas de Julián entienden de arte porque, a la salida del cole, Estela nos enseñó dos dibujos, pero no nos poníamos de acuerdo sobre cuál era el mejor. Al llegar a la cerca de nuestras amigas, todas formaron frente a la niña y ella, viéndolas tan dispuestas,  consideró oportuno consultarles.
—A ver, ¿cuál os gusta más? Aunque este es más difícil, este otro es más alegre.
Las gallinas expresaron su opinión —Co, co, coo....— mientras intentaban picotear las hojas y Estela supo enseguida cual era el más bonito. 




Confieso que tenía manía a las gallinas porque, cuando mi abuelo se enfadaba, gritaba que las mujeres tenemos cerebro de gallina. Sin embargo, reconozco no son tan feas y estúpidas como pensaba. Las chicas de ciudad solo ven el pollo en forma de cadáver o cocinado y, desde luego, ahí no pueden admirarse las plumas. Los gallos de Julián lucen un plumaje rico en colores, brillante, a veces, tornasolado; como esos diamantes que refulgen al atravesarlos la luz. ¡Qué sorpresa!

Aun siendo tan hermosos, Estela considera que las gallinas parecen más listas porque, como no se entretienen “presumiendo de plumitas”, llegan antes a los trozos de pan. Comen las primeras y asesoran en materia de arte; indiscutiblemente, las gallinas de Soria son muy espabiladas.



 Dedico esta entrada a Julián y a Charly porque ambos aprecian a las gallinas.