jueves, 8 de octubre de 2015

A, B y C - Salvando gatitos




Hace unos días Estela descubrió que los gatos estaban heridos: Kitt con la cola rota y Rayitas con dos pelados en la pata trasera. No sabíamos cómo ni cuándo ni dónde había sucedido, pero eso no importaba; lo crucial era cuidar de los gatos.

—Mamá, Aurora no está y creo que Rayitas y Kitt no tienen ni agua ni comida y no pueden ir a cazar porque están heridos. Tienes que curarles.
— ¿Yo? Si intento desinfectarles las heridas, me arañarán y, como no entienden lo que estoy haciendo, nunca más se dejarán tocar.
—Pues tienes que hacer algo. Dales antibióticos como a Moraima (nuestra gata).
—Eso no se me había ocurrido.

En el botiquín había amoxicilina que es un antibiótico de amplio espectro. De esta o los salvaba o me los cargaba del todo; sin embargo, había que intentarlo porque los ojitos de Estela eran pura súplica. Una súplica que reconocí y me llevó cuarenta años atrás durante una subida del río, cuando yo observaba desde el balcón como subía el nivel del agua y acorralaba a los gatitos contra la pared. Entre ellos estaba mi favorito, que aún era pequeño, y temía que el agua se lo llevara y lo ahogara. Entonces,también le supliqué a mi madre que lo salvara, ella ató un cesto a una cuerda y la hizo descender hasta el gato, aunque el gatito se asustó y nadó hacia una isleta próxima. Descubrir que los felinos saben nadar me dejó más tranquila, porque pensé que podría salvarse.

Así que ahora es mi turno, yo también tengo que salvar gatos y cada tarde preparo algo de comida con un pedacito de antibiótico y acompaño a la veterinaria en su ronda mientras administra el tratamiento y reparte instrucciones.
—Rayitas, no te dejes el antibiótico. Kitt, no te comas el de Rayitas. No vayáis donde están los perros, que ahora no podéis correr tanto... –Y otras recomendaciones de lo más convenientes en su estado de salud— Bla, bla, bla...

La verdad es que los gatos han respondido de maravilla. ¡Con tantas atenciones de la veterinaria, no es de extrañar!





Ayer pasó un hombre cuando estaba en plena faena.
—No puedes tener estos gatos sueltos en la calle —le espetó.
Ella, que siempre ha sospechado que alguien hizo daño intencionado a los gatos, lo miró desafiante.
A, estos gatos no son míos. B, si no hubiera gatos sueltos, esta calle estaría llena de ratoncitos corriendo por todas partes comiéndoselo todo –le contestó irónica y firme, mientras pensaba: “y C, eres un tontaina.”
El hombre se quedó callado mirándola, quizá porque no esperaba una respuesta tan contundente o quizá porque la niña le había puesto de manifiesto su estupidez: matáis a los gatos que cazan roedores y luego os lamentáis de las plagas de topillos.


Rayitas tenía heridas en la pata y Kitt, en la cola

La tarde no acabó ahí, y es que hay días que... ¡vaya la paciencia que hay que tener! Encontramos a un vecino que nos saludó, y a mitad de la conversación, se le ocurrió decir que hay numerosos accidentes de coche causados por animales y que convendría matar varias hembras de corzo para que no se reproduzcan.

Cuando se alejó, Estela, más que furiosa, llegaba a otras conclusiones un pelín distintas.
A. ¿Por qué en lugar de matar los corzos no los trasladan a otro lugar? B. ¿Por qué no vallan la carretera o les hacen pasos subterráneos? C. Mejor nos cargamos a los conductores que los atropellan por correr más de la cuenta; si, al fin y al cabo, también hay demasiados.

A, B y C, ¿ha quedado claro? Cualquiera le hace la contra sin argumentos.




Puente naturalizado para el paso de fauna, excursionistas, ciclistas...
http://cpost.eu/puentes-y-pasos-para-la-vida-silvestre-como-trabajar-con-la-naturaleza-no-en-contra-de-ella/