domingo, 26 de abril de 2015

Panaderos artesanos de cuarta generación





Mañana fría y despejada, mañana soriana. Nadie por el pueblo. Es domingo, pero hay un buen motivo para salir tan pronto de casa. 
—Mira, Inuki, tenemos fumata blanca de horno de leña, eso significa: habemus pan.
Toda la calle huele a pan recién hecho y a dulces. ¡Humm..., qué aromilla tan delicioso! ¿Qué estarán haciendo hoy en la panadería? Seguro que es algo malísimo.
Buenos días.
Buenos días —contestan al unísono el panadero y su esposa.
Os he pillado con las manos en la masa. ¿Qué hacéis?, que huele tan bien.
Magdalenas y sobadillos —Comprendo, dos cosas “incomibles”. ¡Cómo me alegro de no seguir dietas!
Bien, haremos un sacrificio: dame magdalenas, sobadillos y dos barras de pan.
¡Cuidado!, todavía queman —me advierten.

Son ya la cuarta generación de panaderos artesanos. También elaboran magdalenas, rollas, sobadillos y bollos con los ingredientes tradicionales: harina, huevo natural, aceite, mantequilla, licor, azúcar, levadura y nada más. Ni una porquería de esas E-no sé cuántos, antioxidantes cancerígenos y conservantes que conservan el producto y nos “desconservan” el cerebro hasta la demencia.  


Me encanta ver cómo saca las barras de pan de una cajonera donde están levando amorosamente envueltas en paños, las coloca sobre la pala, las arregla una a una para que tengan buena forma, practica varios cortes que permitan respirar a la masa y las introduce en el horno. Un horno de leña centenario con capacidad para solo ochenta barras. 

En este pueblo tenemos pan cada día, incluso los domingos. ¡Qué suerte!, en otros lugares ya no se despacha pan el domingo. Gracias. Mañana vuelvo a por más. 

—Inuki no me mires con cara de súplica, los perros no digerís bien los almidones y no puedo darte. 

Desayuno de domingo: pan recién hecho, calentito todavía, crujiente por fuera, tierno por dentro, leche, naranjada, queso, jamón, café, dulces y buena conversación en  buena compañía. Y sin prisas. Luego, a disfrutar de la sierra. ¡Hay que ver cómo sufro los domingos! 


sábado, 25 de abril de 2015

¿Qué le pasa al gato?



Orejas abatidas, cuerpo pegado a la piedra, ojos entornados y mirada fija; ¿qué le pasa a este gato?
¿Lo adivinas?



El gato le ha visto las orejas al lobo.


Inuki, ya sabes que los gatitos son amigos.

miércoles, 22 de abril de 2015

Una buena noticia

Cigüeñas de la ermita rehaciendo el nido



El verano pasado un pollo de cigüeña cayó del nido con tan mala fortuna que quedó enganchado de un ala en las púas de una barandilla. Con ayuda de la Guardia Civil y del párroco logramos rescatarlo y se lo llevaron al Centro de Recuperación de Aves de la Junta de Castilla y León en Soria, luego lo trasladaron a Burgos por la gravedad de la herida. 

Para no repetirme, el suceso se narra en la entrada Premonición

Desde este blog queremos agradecer que se haya soldado una pletina sobre las púas para que los pollos no vuelvan a quedar ensartados si caen. 

Juan Luis del Centro de Recuperación de Animales Silvestre de Burgos me ha informado de que la pequeña cigüeña fue curada y alimentada en una charca abierta de la que entraba y salía a voluntad hasta que se encontró con las fuerzas suficientes para abandonarla definitivamente. 

LA CIGÜEÑA SE SALVÓ, MUCHAS GRACIAS A TODOS.



Se ha soldado una pletina sobre las puntas de la barandilla


Ermita de la Virgen del Camino - Abejar - Soria

lunes, 20 de abril de 2015

Abril en Soria - Fotografías


A la salida del sol, los campos aún duermen bajo su sábana de niebla





Aunque estemos en abril, los amaneceres siguen fríos, las plantas ribeteadas de escarcha diamantina



La primavera ya está aquí: esta es la primera flor de mi rosal. Delicada, amarilla apenas y con un  intenso perfume de rosa, como las rosas auténticas.






Inuki cumple con su tarea de revisar todas las madrigueras de topillo




Kírara, que es una metementodo, sobre la bandeja del horno supongo que esperando su turno para gratinarse.

viernes, 17 de abril de 2015

Con "S" de Soria, con "S" de Silencio

Inuki junto al roble inclinado



Ando distraída por el pinar, la mente, de vacaciones, sin pensar en nada concreto, únicamente voy disfrutando de cuanto la Naturaleza ha puesto para mí. En un momento dado, me doy cuenta de que no se oye nada, nada en absoluto, me detengo para escuchar mejor: nada. 

Tanto silencio resulta sobrecogedor. Me pregunto por qué será y se me ocurre que el silencio se ha convertido en un bien escaso, sobre todo, en la ciudad: ruido de obras, de tráfico, de sirenas, música del vecino, televisión, discusiones… siempre se produce algún tipo de estruendo. 

Estamos viciados a escuchar de continuo algún barullo de fondo, por eso el silencio en mayúsculas produce desazón, incomoda; sin saberlo hemos enfermado de ruido. Al hacerlo consciente, la sensación de vacío que produce la ausencia de sonido va cambiando por otra de alivio y comienzas a apreciar la tranquilidad y lo bien que se está aquí.

Entonces, vuelves a escuchar: nada. ¡Qué paz para la mente! Luego afinas el oído y oyes tus pasos, alguna ramita que se quiebra, la brisa que suspira entre las hoja, todo es tan leve…, este es el nivel de ruido de la naturaleza. ¿Cuánto tiempo hace que el hombre lo perdió? ¿Cómo pueden gustar tanto las discotecas? Es posible que esa música transmita vibraciones al ritmo de un corazón acelerado y esta sensación nos recuerda a lo que sentimos cuando algo nos emociona, pero el volumen tan alto nos licúa el cerebro y los tímpanos.


Inuki, la luna, los pinos y el silencio.

El silencio es un bien en peligro de extinción. Voy a proponer que estos bosques sean declarados Reserva del Silencio para que lo protejan. ¿De quién? Pues de cualquiera que destroce, ensucie, mate o arme follón.

Voy disfrutando de este silencio, tesoro impagable de Soria, cuando inesperadamente resuena en todo el pinar el trino de un pinzón, Inuki ladra, sobresaltado igual que yo; después me río porque este es el máximo estrés sonoro que sufro aquí: el canto de un pajarito, el ladrido y mi risa, que han sonado como un estallido en medio de tanto silencio. 

— ¡Mira que somos escandalosos, Inuki! Acabamos de romper la copa de cristal transparente que es el silencio. Si estuviera aquí la policía del silencio, seguro que nos pondría una multa.

 
Ha dejado de jugar con la correa, está atento, buscando al pinzón que ha roto el silencio con sus trinos

domingo, 12 de abril de 2015

O.N.G "Salvad a las ranas"




Con motivo del I Curso de Identificación de Anfibios Sorianos de la Asociación AMAR Soria.
Los niños tienen una imaginación asombrosa y una rana es un motivo estupendo para jugar, aunque la rana sea de plástico.  

Estela juega con las ranas

Al acercarnos a la charcha oímos un coro de ranas croando animadamente, Inuki se queda  escuchando y observando, luego se aproxima curioso, y al instante, se callan todas y saltan al agua. El husky me mira perplejo.
— ¿Es tu primera rana, Inuki? Son escandalosas, ¿verdad? Y divertidas para jugar.
Cuando tu amiga Estela era pequeña, su abuela le regaló un bolígrafo con forma de nenúfar y una ranita encima. El bolígrafo pesaba demasiado para escribir, pero la ranita... la ranita tenía muchas posibilidades, así que la arrancó y, en ese instante, surgió un nuevo mundo; fue más o menos como el Big Bang de las ranas.


— Te llamarás Lily, serás mi mascota y cuidaré de ti —dijo Estela. Una declaración de intenciones así no deja lugar a dudas, pero la rana no entendía ni papa.
— Rapip, rapípip —contestaba la rana por boca de Estela.
— ¿Qué dices? —preguntó la madre de Estela extrañada.
— Nada, no estoy hablando contigo, mamá, hablo con Lily. Es una rana o hablas en idioma rana o no te aclaras con ella. Rap, rapípip, rapip.
— Tienes razón, nunca he estudiado esa lengua y no entiendo nada.



Este mundo emergente requería muebles a medida y ella se puso enseguida manos a la obra.
— Mamá, necesito un trozo de ropa para hacer las sábanas de Lily.
— ¿Me regalas esa cajita?  He pensado que sería un parque perfecto para mi rana. Préstame el celo que estoy fabricando una estantería para sus libros.
— Mira, papá, adivina qué es esto. Te doy una pista: es para Lily —pero no le da tiempo a contestar— es una piscina con trampolín y todo.



Lily era un batracio muy feliz hasta el día del accidente.
— ¡Qué desastre! ¿No sabes lo que le ha pasado a la pobre Lily? —dice mientras abre la mano y nos enseña la rana vendada.
— ¿Qué le ha ocurrido?
— Ha tropezado con las naranjas de la compra y se ha hecho un esquince en el anca, por eso he tenido que inmovilizársela, pero mira: la muy loca sigue queriendo saltar.
— ¡Vaya mala suerte!
— Voy a llevarla al hospital –de pronto, lanza la rana por los aires. —Ven aquí, no tengas miedo que no te harán daño, solo será una radiografía.
— Rapi, rapi —gime.




La rana y Estela se compenetraban muy bien en todo menos en la comida.
— Lily, mira: una mosca. Cómetela.
— Ri, ri, ripap
— ¿Sabes qué me ha dicho, mamá? que no es tan guarra.
— Vale, pues te preparo crema de saltamontes.
— Rapi, rap
— ¿Qué no te gustan? —traduce Estela.
— ¿Quieres comer pastel de mosquitos?
— Croac choc – que significa pastel de chocolate.
— ¿Desde cuándo las ranas comen chocolate? Te estás convirtiendo en una rana muy finolis.


Es la hora del baño. Te prometo que el agua no está fría, salta. ¿No quieres? ¿Qué pasa que mi mano está más calentita?


Esta pasión por los anfibios se extendió a los del campo, y a la que sus padres se descuidaban, llevaba una ranita en la mano.
— Fíjate qué pequeña es. Me voy, tengo trabajo.
La tarde transcurría mientras ella excavaba cuevas refugio, buscaba piedras planas que sirvieran de mesa, cazaba mosquitos y hormigas... Al anochecer, se despedía de su protegida con mucho pesar.
— Adiós, pequeñita, no sé si volveré a verte.

Una semana después, regresaron al lago a bañarse y...
— ¡Mamá, papá! La rana todavía está en la casita que le hice, se ha quedado a vivir.
— Es increíble.
— Pues no, porque yo la salvé y le construí una casita con terraza y todo. Ranita, me baño un poco y luego vengo a jugar contigo, ¿vale?   Hermano, ¿buscamos ranas y las salvamos?
Estela constituye, ella solita, una ONG que bien podría llamarse Salvad a las ranas.

—Ya ves, Inuki, las ranas también son amigas y no puedes cazarlas.


Nunca he dejado que mis hijos maltraten a las ranas o se las lleven a casa porque supone la muerte para ellas.