jueves, 30 de julio de 2015

Inuki entre la vida y la muerte


De regreso a casa,  andábamos cerca de un murete de piedras amontonadas sin argamasa cuando una víbora de gran tamaño ha picado a Inuki en el hocico. Ni el husky ni nosotros la habíamos visto, y aunque nadie la ha atacado, se habrá sentido acorralada al no poder retroceder entre las piedras y ha mordido a Inuki al paso.


Picadura de víbora a la vista. La zona empieza a hincharse.

Lo hemos llevado inmediatamente a la clínica veterinaria, pero no existe antídoto para el veneno de víbora, solo pueden administrarle suero y un cóctel de medicamentos para intentar salvarlo. Se debate entre la vida y la muerte; la cara cada vez más hinchada, el veneno intentando paralizar y destruir tejidos de órganos vitales.

Tienen que transcurrir más de veinticuatro horas hasta que podamos considerarlo fuera de peligro. !Qué espera más larga!

Si se me muere Inuki, este blog se queda sin su protagonista.

Ánimo, Inuki, que la víbora solo es un bicho.



viernes, 24 de julio de 2015

La espía y la víbora



 

Es verano a la hora de la siesta, estamos tan relajados viendo un documental sobre el mar Caribe que casi dormitamos, en cambio, hay alguien que no piensa en descansar: Estela. Ya sabemos que la siesta no entra nunca en sus planes; sin embargo, hoy ha venido a preguntarme algo inusual a estas horas.
— ¿Puedo cambiarme de ropa? Es que no puedo jugar con este vestido, lo voy arrastrando cada vez que me agacho —expone segura de que su argumento me convencerá.
Y, desde luego, me convence –Vale. 

La oigo revolver los cajones porque ni adormilada bajo la guardia. Me pregunto qué estará tramando. Hasta aquí llegan sonidos amortiguados, aunque no imagino en qué anda. De pronto, aparece peinada, viste una minifalda, lleva un bolso muy elegante y una pelota que pasea atada con un cordoncito.
— ¿Podéis quedaros con Zarza, mi perra? –pregunta en un susurro.
— ¿Por qué? ¿Dónde vas?
—Es que voy de incógnito –Mira a un lado y al otro para asegurarse de que nadie la oye y luego nos confiesa en un susurro—: Soy espía. No me la puedo llevar porque no está entrenada; se va con cualquiera que la llame y come todo lo que dan. ¡Un desastre!
—No te preocupes, puedes dejarla con nosotros.




Cojo a Zarza y la guardo debajo de una mesa mientras Estela sale al pasillo. Escondida detrás de una puerta saca el móvil de su bolso y llama a un compañero.
—Sí, sí. Estoy en posición. Claro. Siempre llevo el colgante de estrella. No, el que tiene la cámara secreta para filmar. Voy a entrar. Adiós.
Se desliza sigilosamente por el pasillo y entra en una habitación en penumbra. 

Finalizada la misión, vuelve para recoger a Zarza y desaparece otra vez. Ella se dedica a sus investigaciones y yo a hornear una tarta. De pronto, me sobresaltan los ladridos de Zarza.
—Guau, guau, guau. Grrr. Guau. Grrr.
—Muy bien. Tú, arma follón —le ordena a Zarza.
— ¿Qué pasa, Estela? ¿A qué viene tanto escándalo?
—Calla, es Zarza. Está ladrando y gruñendo para despistar, y mientras, yo me cuelo en el despacho del sospechoso a buscar pruebas —aclara en voz baja.
—Oye. Tienes que merendar.
—Bueno. Ya sé que me vas a decir que no, pero por si acaso... ¿me puedes poner un café en un vaso para llevar? Es lo que toman los policías —aclara.
—Te pongo un milímetro de café y te llevas, también, un yogurt que es lo que toman las agentes de policía.
—No digas mentiras; los policías comen Donuts y salchichas, que yo les he visto muchas veces, por eso tienen tanta barriga.
—Yo he dicho las agentes de policía, no los agentes.
— ¡Ah!, pues también es verdad. 
Se queda un momento callada como si madurara una idea.
—Tengo un plan. Como Zarza se ha comido las salchichas, mandaré al sospechoso a comprar otra merienda. A ver si puedo seguir registrando su despacho.

Ella sale de puntillas en dirección a su despacho secreto mientras yo sigo con mis tareas; sin embargo, no han transcurrido ni diez minutos y...
— ¿Qué haces, Estela? ¿Dónde vas con eso? –exclama su padre.
Entro en el salón y allí está la espía con unos guantes de látex y algo desconocido colgando de un palito.
—Tranquilo, papá. Le estoy haciendo la autopsia a la víbora que hemos encontrado muerta esta mañana en el campo y esto es lo que tenía dentro. No te preocupes que no es sangre de verdad, es rotulador rojo. Venid, ya veréis todo lo que se había tragado.
La seguimos a su habitación-laboratorio secreto y nos encontramos: un microscopio, papeles y una bandeja llena de objetos metidos en bolsas.




 —Fíjate, se había comido dos canicas, un abejaruco y un ratón, aunque nada de esto la mató. Creo que murió intoxicada por pesticidas, por eso quiero analizar esta muestra de tejido –explica mientras levanta el papel ensangrentado que ha alarmado a su padre—. También quiero extraer su veneno para fabricar antídotos.
— Tú, sigue investigando y ya nos contarás –la animamos y salimos del laboratorio riéndonos con sus ocurrencias.

A última hora de la noche, le pregunto si ya ha descubierto al asesino.
—No, todavía tengo que seguir investigando. Es que si lo descubro enseguida, se me acaba el juego demasiado pronto y yo quiero seguir jugando unos cuantos días más.

Lo siento, no puedo escribir el final, sólo puedo decir como en las series: 

Continuará...


Por desgracia, alguien mató de verdad la víbora que inspiró el juego de Estela.


 
Estela juega con su serpiente, inspecciona las plumas con el microscopio y embolsa el ratón y las canicas para llevarlas al laboratorio.

jueves, 16 de julio de 2015

Con "S" de Soria, con "S" de Sorpresas

Al anochecer, un zorro recorre la misma vereda que nosotros


Camino del lago Inuki se detiene, dirige sus orejas hacia un punto determinado y clava la mirada, este comportamiento indica que ha detectado algo interesante. Miro hacia el mismo lugar y descubro un zorro que, también, nos observa a nosotros. Todos nos quedamos paralizados durante un par de minutos, luego Inuki se sienta y el zorro lo imita. ¡Caray!, eso sí que no me lo esperaba, creía que saldría corriendo porque estamos muy cerca, sin embargo, parece sentir tanta curiosidad por Inuki como el husky por él. Es la primera vez que se ven cara a cara, aunque creo que se han reconocido por el olor puesto que ambos marcan esta zona. Al cabo de un ratito, el zorro sigue su ruta muy tranquilo y nosotros nos adentramos en el pinar.


El zorro sigue su camino




Está ahí arriba, lo sé


Vamos andando y charlando cuando, de repente, el perro se nos vuelve loco y pretende subir a un árbol. Esta vez ha localizado una ardilla y tiene mucho interés en saludarla de cerca. Inuki no suele ladrar a los animales que se encuentra, así que la ardilla, en lugar de trepar pino arriba, baja hacia nosotros. Otra vez me quedo asombrada y me pregunto por qué no huye, ¿será porque nuestro lenguaje corporal no resulta amenazador? Ignoro la respuesta, pero estoy encantada de verla tan de cerca y de que se deje fotografiar con el móvil que es lo único que tengo a mano. 


Inuki ha descubierto una ardilla


Debería huir pero se acerca a nosotros


Está al alcance de la mano



Pasear hasta el lago es como participar en un safari; si prestamos un poco de atención, tenemos la oportunidad de observar distintas especies. Lo mejor de todo es que nunca sabemos qué encontraremos, un día nos cruzamos con una jabalina y sus rayones; otro, con dos ciervos; por el cielo vuelan milanos, a veces, alimoches; por el suelo reptan culebras y corren lagartos ocelados, incluso descubrimos animalitos desconocidos para la mayoría como el tritón jaspeado y el lución. 

A pesar de los años que llevamos en la zona de Pinares, todavía no hemos visto nunca la gineta ni la nutria ni el gato montés, tampoco la garduña. Queda claro que necesitamos más tiempo para más paseos.

¿Cómo vamos a aburrirnos de vivir aquí si Soria siempre nos tiene preparada alguna sorpresa?

Querida Soria, mientras conserves tu naturaleza y nos tengas así de entretenidos no nos marcharemos a otro lugar.


La ardillita nos dice adiós desde su tronco

domingo, 12 de julio de 2015

Operación Rescate

Colirrojo tizón - Fotografía de Santiago Álvaro Muñoz - Blog Mirada


En agosto se celebra en Abejar la feria gastronómica, y para tal evento, se instala en la plaza del Ayuntamiento una inmensa carpa que albergará a los expositores. A los niños, lo que más les gusta de la feria no es la feria sino la semana anterior porque, aunque la carpa esté cerrada, entran a hurtadillas y la convierten en una nueva zona de recreo donde jugar al escondite y al pillapilla.

Una tarde Estela y David se fueron a la carpa, y nada más llegar, encontraron algo.
—Mira, hay un pájaro aquí dentro —dijo David—. Se habrá quedado atrapado y no sabrá cómo salir.
—Es un colirrojo. Vamos a salvarlo —Decidió Estela—. ¿Qué podemos hacer?
—No se dejará coger —advirtió el chaval.
—Ya lo sé. Aquí dentro está más oscuro si yo levanto la tela de la carpa y tú lo asustas para que venga hacia aquí, supongo que, si ve luz fuera, saldrá.

¡Operación salvamento en marcha! y, en efecto, el pájaro pasó por debajo de la lona y se salvó.


Colirrojo tizón - Fotografía de Santiago Álvaro Muñoz - Blog  Mirada


Al parecer, la carpa blanca les sugirió un hospital de campaña y comenzaron a jugar a médicos. Misteriosamente, todos los pacientes morían, entonces avisaban por radio y David venía con su bicicleta a retirar el cadáver. Luego lo enterraban fuera en un jardín próximo. En estas,  Estela descubrió una lagartija en dificultades. 
—Fíjate, David, una lagartija se ha quedado pegada a la cinta adhesiva de la carpa.
—Es tan pequeña que no puede soltarse. —Los ojos de David se iluminaron—. ¡Anda! ahora sí que tenemos un paciente de verdad.
—Tenemos que despegarla —dijo Estela con resolución.
—No puedo. La despachurraremos si tiramos fuerte.

Ante la gravedad del asunto, Estela pidió ayuda a su padre.
—Papá, tienes que ayudarnos; hay una lagartijita en peligro de muerte, se ha quedado pegada y no podemos liberarla.
Rafael la despegó con cuidado y se la entregó. Estela y David, futuros veterinarios, ingresaron a la víctima en la UVI de lagartijas, le practicaron las maniobras de reanimación pertinentes (que yo desconozco pues no soy de la profesión) y la recuperaron con éxito.


Lagartija mini tras su paso por la UVI

Durante la cena me explicaba toda la aventura.
—Mamá, hoy hemos rescatado un colirrojo tizón y una minilagartija. Ha sido arriesgado porque estaba tan pegada que podíamos matarla sin querer, pero papá lo ha hecho muy bien. Después de cuidarla un rato, la hemos soltado junto a un árbol.

Se calló un momento meditando sobre algo y al fin dijo: “Las carpas son muy peligrosas; no es solo que yo me haya caído y lleve las rodillas peladas, es que además ¡hemos pasado toda la tarde en OPERACIONES DE RESCATE!”



Las fotografías del colirrojo tizón son cortesía de Santiago Álvaro Muñoz que publica el blog Mirada

domingo, 5 de julio de 2015

El Cid Campeador vuelve a Abejar


Hay que reparar el nido

A principios del invierno el Cid regresa de sus campañas por el sur, no sé exactamente hasta donde viajó, quizás llegó a Extremadura o a Doñana o muchísimo más lejos, a tres mil kilómetros de aquí.

Don Rodrigo, el Cid, y doña Jimena son las cigüeñas que anidan en el campanario de la ermita de Abejar, y como cada año, emigran en agosto a lugares más cálidos y vuelven en enero para iniciar la época de cría.

Las cigüeñas con suerte pueden llegar a vivir más de treinta años, se aparean de por vida y año tras año anidan en el mismo lugar; así que esta pareja es la misma de todos los años.

Lo primero que hicieron al llegar fue rehacer el nido porque les habían quitado casi todo el material. El año anterior su pollo cayó al balcón del campanario y quedó atrapado por un ala entre los remates de la barandilla, así que, para evitar que vuelva a suceder, se soldó una pletina sobre las púas, se desmontó parte del nido en mal estado y se quitó una cruz que estaba torcida y dificultaba los aterrizajes.

(El rescate se narra en la siguiente entrada: Premonición )


Dos cigoñinos


Doña Elvira y doña Sol


Tras algo más de un mes de incubación eclosionaron los huevos y unos sesenta días después tenemos dos pollos que ya vuelan cerca del nido.

La temporada de cría en Abejar se salda con: cinco cigoñinos en los nidos de la iglesia, dos en la ermita y otro en la estación; ocho en total. Este ha sido un buen año, en cambio, en 2013 murieron todos los pollos.

Como corresponde, por ser descendientes de don Rodrigo y doña Jimena, estas nuevas cigüeñas se llaman doña Elvira y doña Sol.

Larga vida a doña Elvira y doña Sol, que vuelen alto y lejos.


A primera hora de la mañana se arreglan el plumaje


Probando las alas



Las cigüeñas, que viven al lado del campo del fútbol, no se pierden ni un partido. En una ocasión Inuki y sorprendimos a don Rodrigo en el césped, mientras doña Elvira y doña Sol desde el nido lo retaban diciéndole que cuando pudieran volar, bajarían y le colarían un montón de goles.

Estas cigüeñas serían una bonita mascota para representar al Club de Fútbol de Abejar. Pocos clubes pueden presumir de mascotas más reales y entregadas.