miércoles, 30 de septiembre de 2015

Soria necesita sus lobos y sus linces




Un estallido de adrenalina me dispara el corazón. Se acerca una camioneta, una corza y su pequeño van a cruzar la carretera, Inuki y yo nos quedamos clavados a pocos metros.
— ¡No, no lo hagáis, os matará!
La corza atraviesa la calzada, el vehículo se sale de la carretera en dirección a nosotros. Sé que no tengo tiempo de escapar. La respiración se me corta. Vamos a morir. Lo último que veo es que la corza se ha salvado. 

Todo sucede en fracciones de segundo. El camionero ha logrado esquivarnos, quizás porque se acercaba a la curva reduciendo la velocidad. 

He entrado en shock, casi no puedo andar, me siento en un banco, quiero llorar, pero no encuentro las lágrimas, estoy temblando. Al rato, un vecino que pasa me pregunta si me encuentro bien, aunque intento explicárselo solo me salen frases entrecortadas.
—Sí…, no estoy herida, solo conmocionada. Están cazando codornices y los disparos han provocado la estampida de los corzos…, huyendo asustados se han metido en la carretera…, una camioneta que intentaba esquivarlos casi nos atropella a Inuki y a mí.
—Me alegro de que estéis bien. Los animales provocan muchos accidentes, tantos que el periódico suele publicar la cantidad —explica el vecino.




Esto sucedió realmente a finales de agosto durante la media veda de la codorniz. Transcurrido el tiempo y más tranquila, he consultado la prensa. 

Hasta septiembre, de los 915 accidentes registrados en Soria, 663 fueron provocados por animales: por corzos (515), por ciervos (50), por jabalíes (44) y por otros animales. 

Los atropellos de fauna salvaje cuestan a los españoles 105 millones de euros al año, lo que supone  438 euros per cápita en Soria. Según la Ley de Seguridad Vial, el conductor es ahora el responsable del atropello en accidentes por animales, salvo que sea consecuencia directa de la acción de la caza o por falta de mantenimiento del vallado o la señalización.

Divertirse pegando tiros asusta a toda la fauna; las aves huyen en desbandada y los demás en estampidas que pueden acabar en accidentes de circulación. Lo peor no es el coste económico, lo peor es que, a veces, cuestan la vida. ¿Cuántas vidas vale el entretenimiento de los cazadores? ¿La del transportista, la mía, la de Inuki, la de la corza y su corcino?, por no hablar de las codornices.

Es posible que, a falta de depredadores, se haya producido una explosión demográfica de herbívoros, ¿no sería sensato permitir que el lobo y el lince cumplan su función de control sobre la población de este ecosistema? 

Soria necesita recuperar sus lobos, sus linces y sus osos, aquellos que perdió no hace tanto.




 
Hembra de gato montés

Las fotografías del lobo y de la gata son cortesía de  Otoño al Asmar 
Una comunidad sobre el lobo  Emlobados Sierra Morena - Sistema Central

jueves, 24 de septiembre de 2015

Cumpleaños feliz




Hoy es mi cumpleaños. Mi marido me abraza y me besa, entre felicitaciones y risas me miro al espejo para ver si estoy más vieja: recién levantada estoy, sobre todo, despeinada. Mi madre me aconsejaría que me corte el pelo, pero a él le gusta este cabello fino y suave, como seda. Nada ha cambiado respecto a ayer. 

Nos reímos y al reír, una chispa verde se escapa de la mirada. ¡Caramba, los ojos se me han vuelto verdes! Pero si yo tengo los ojos castaños... Lo primero que se me ocurre es que después de tantas tardes contemplando el bosque, los pinares de Soria se han quedado en mis hojos (a partir de hoy, con hache de hoja) Bonito regalo, siempre me gustaron los ojos verdes. Gracias. 


Tartaleta casera de nueces y frambuesa

Vivir un año más, ¡qué bien! y dentro de dos celebraré el medio siglo; sin embargo, no sé cuándo seré mayor. Me explico: con veinte años empecé a trabajar y me sentía muy mayor, pero había un hombre en la oficina que me llamaba “Bollycao” ¡Qué rabia! Lo que el señor bromista no sabía era que se casaría conmigo. 


Bollycao de 24 añitos

 Ahora, ya soy toda una mujer, pero las abejareñas se mueren de la risa cuando se lo digo porque muchas de ellas me duplican la edad y algunas cumplirán más de cien; en su opinión, sigo siendo un “Bollycao”. Además, todavía no me han salido las muelas del juicio. ¿Cuándo voy a sentar yo la cabeza? ¿Cuándo podré decir que ya soy mayor? 

¿Veis? todavía no puedo deprimirme por cumplir años. Tendré que dejarlo para más adelante.


Con Suleimán
 

sábado, 19 de septiembre de 2015

Cara a cara



 

Estela atraviesa el prado a la carrera, juega a ser un caballo al galope. ¡Qué descarga de adrenalina! Vuelve con las mejillas coloradas y los ojos brillantes. ¡Cómo disfruta esta niña! 

Se mete en una hondonada a investigar. Podría haber setas. Pues no, ni una. Sigue su incursión mientras canta como otro pajarito más. Desde el lindero del bosque contempla la pradera y su voz cantarina se interrumpe, una idea ha cruzado su mente: «Voy a subir a ese árbol».


Sabinar de Calatañazor

Corre hasta un pino inclinado por la fiereza del cierzo, se abraza al tronco, apuntala el pie e intenta trepar. Mira hacia arriba y sus pupilas se dilatan ante lo inesperado.
— ¡¿Qué?!
— ¡Hii!!!—chilla él.
— ¡Ah!!! —grita ella sobresaltada.
—Mamá, papá, ¡qué sorpresa!, intentaba subir a ese árbol y me he encontrado cara a cara con un ratoncito de campo, pero cara a cara, ¿eh?  Los dos nos hemos asustado y hemos gritado, aunque durante unos segundos nos hemos mirado a los ojos. Era de color arena, tenía unos ojitos negros y bigotes largos, parecía muy suave. Me hubiera gustado verlo un poco más, pero se ha ido tan rápido... ¡Qué lástima! A los dos se nos ha ocurrido la misma idea: trepar por el pino.

— ¡Qué suerte! Ya me hubiera gustado verlo a mí también.
— No quería asustarlo. Le dejaré unas cuantas bellotas encima del árbol para que sepa que soy su amiga.

Una aventura muy intensa. Esta noche soñará con ratoncitos camperos.


Era de color arena, tenía unos ojitos negros y bigotes largos, parecía muy suave.    Fotografía de HebiFot - Pixabay

sábado, 12 de septiembre de 2015

Sin miedo al lobo - En memoria de Félix Rodríguez de la Fuente



Fotografía cortesía de Otoño al Asmar - Emlobados


Me pregunto qué sucedería si durante una de nuestras correrías nos encontráramos un lobo.
— ¿Qué harías, Inuki? ¿Te comportarías igual que cuando te cruzas con otro perro? ¿Te tumbarías tan tranquilo en postura de no agresión mientras se acerca? Ante una loba seguro que moverías la cola, bribón.

En todos estos años no hemos visto ni un lobo, y me gustaría; sin embargo, hay tan pocos en Soria y tan huidizos que resulta difícil. Una pena. 

¿Te dan miedo los lobos, Inuki? Supongo que lo que asusta es la actitud: si es agresiva puede dar miedo; mientras que si es pacífica, no provoca alarma;  y da igual que se trate de un perro, un lobo o un hombre. Con toda lógica tememos a todo aquello que puede dañarnos, porque ese reflejo nos mantiene a salvo de los peligros. 


Fotografía cortesía de Otoño al Asmar - Emlobados

Nunca he temido al lobo, no lo siento como un peligro para mí, por tanto, no hay razón para aterrorizarme. En la actualidad, son muchas más las personas que fallecen en accidentes de circulación que a causa del lobo. Y fíjate lo que son las cosas, Inuki, nadie prescinde del vehículo ni piensa en eliminar al conductor borracho o drogado que ha provocado la muerte, en cambio, si un lobo mata una oveja, hay que exterminarlo. 

Ni siquiera he dicho que un lobo y un hombre sean igual (esa sería otra discusión) lo que señalo es la desproporción entre los muchos daños que provoca el hombre y el poco miedo que genera, y el poco daño que ocasiona el lobo y el mucho odio que despierta. ¿Lo entiendes, Inuki? ¡Cómo vas a entenderlo si esto no tiene ninguna coherencia!

El lobo no es malo, Inuki, es como tú, como un perro. Caza porque tiene que comer y cuando lo tratas bien puede devenir un fiel amigo. Lo sé porque me lo enseñaron Félix Rodríguez de la Fuente y Jorge Escudero en un documental que emitieron sobre una camada de lobeznos criada por ellos. Fue muy revelador verles dormir con los cachorros y jugar y correr y comer todos juntos constituyendo una sola manada mixta. 


Fotografía cortesía de Otoño al Asmar - Emlobados

 Y lo sé, también, porque tú, Inuki, fuiste seleccionado por una tribu india de Alaska y, a pesar de proceder de una estirpe de perros salvajes como el lobo, te has convertido en mi fiel compañero, en mi protector. Si alguien amenazara con hacerme daño, estoy segura de que me defenderías hasta la muerte.  En caso de tener un lobo, lo mismo. Así que, por instinto de protección entre los componentes de la manada, lobo y perro pasan de matahombres a dar la vida por el compañero humano. No sé los demás, pero yo respeto mucho a quien está dispuesto a dar la vida por mí.

Vamos a dar una vuelta, Inuki. A ver si encontramos un lobo y nos hacemos amigos. ¿Aullamos un rato? Quizás escuche nuestra llamada y nos haga el honor de reunirse con nosotros.


Aúlla, Inuki, llama al lobo

 
En el Sabinar de Calatañazor, a lo lejos, bajo una sabina, aparece una pequeña silueta lobuna recortada contra la puesta de sol
Las fotografías del lobo son cortesía de Otoño al Asmar de su perfil Emlobados - Sierra Morena-Sistema Central