viernes, 19 de febrero de 2016

Cazuelita de pastores




Con tanto frío apetecen platos de cuchara que estén bien calentitos y sustanciosos, así que prepararé una cazuelita de pastores. La comida del pastor era sencilla, a base de unos pocos ingredientes que llevaba en su zurrón y, si había suerte, algo de caza que se pusiera a tiro. 

Con medio kilo de harina, 10gr de sal y unos 200ml de agua, aproximadamente, amasaría unas tortitas delgadas que cocería, sobre la piedra caliente de la chimenea, cubiertas con la ceniza y algunas brasas (yo las cuezo en el horno). Luego las dejaría enfriar y las desmenuzaría a pellizcos.

Acabada esta tarea, como si fuera una pastora, me llevo a Inuki y a Estela a dar una vuelta por el sabinar de Calatañazor. 
—Inuki, tú serás el perro que guarda las ovejas, ¿vale? —sugiere la niña.
—Guau, guau, guau.
Estela ya está jugando, en su imaginación llevamos un gran rebaño; de pronto, lanza una piedra.
— ¡Atento, Inuki, una oveja se escapa!
—Grrr, guau, guau —contesta el husky corriendo detrás de la piedra.
—Estela, corta dos ramitas de romero y dos de tomillo —le pido—, pero con las tijeritas, ¿eh?, nada de arrancar la mata de raíz.


Mientras nosotras estamos entretenidas buscando las hierbas aromáticas, Inuki se ha puesto a cavar con mucho entusiasmo.
— ¿Qué haces, Perry? ¿Por qué husmeas así? ¿Has encontrado trufas?
— ¿Crees que Inuki tiene detector de trufas, mamá?
—Adiestrándolo bien, seguro que sí. Aunque me parece que, ahora, está investigando la madriguera de un topillo. ¡Quieto perro travieso, los topillos son amigos!

El pastor regresaría a la majada con sus hierbas, unos níscalos, un conejo, tal vez, una perdiz. Nosotras hemos descartado el topillo, lo confieso, por eso tendremos que conformarnos con unas costillas de cerdo y un pollo que tengo en la nevera.

Ya en casa, salteamos las carnes cortadas a trocitos con unos ajos y la mitad del romero y el tomillo. Luego, añadimos dos litros de agua, sal y lo dejamos cocer. Mientras, sofreímos en aceite de oliva una cebolla pequeñita, un par de ajos y un tomate maduro, junto con la otra ramita de tomillo y romero. Admite una pizca de pimienta y pimentón.




Es hora de agregar al sofrito los pedacitos de torta, a continuación, se echará el caldo a medida que lo necesite y se dejará cocer hasta que la torta esté blandita. Se dejará más o menos caldoso según el gusto de los comensales. Se rectifica de sal y se agrega la carne en el último momento y si hay setas, también. 
 
Por estas fechas, en Abejar, sería apropiado rallar por encima una trufa negra.

Lo tradicional era servirlo sobre otra torta más gruesa que hacía la función de plato y terminada la comida se tomaba como postre untada con miel. En la actualidad, lo serviría en cazuelita de barro que quedará igual de rústico y lo acompañaría con una ensalada de tomate y un buen vino tinto Ribera del Duero.


Trufa ganadora del concurso 2016 de la Feria de la Trufa de Abejar
 
En lugar de café, el pastor se prepararía una infusión digestiva de tomillo, romero y un chorrito de licor de anís. 

Reconfortados con semejante cazuela, el pastor podría volver a la sierra con sus ovejas y nosotros a pasear a Inuki sin importarnos nada el frío.

(Este plato es una adaptación a Soria de los “gazpachos manchegos”, en aquella zona  llevan una planta aromática llamada “pebrella” que le confiere un aroma delicioso)


Abejar, desde el paseo de la ermita