miércoles, 16 de marzo de 2016

Guerreras de Abejar



Inuki en el embalse de la Cuerda del Pozo


Estamos solos en un brazo del embalse de la Cuerda del Pozo que casi nadie frecuenta. La tarde transcurre plácidamente bajo un cielo muy azul, el verdor fresco de los pinos llega hasta las playas de arena fina, sobre el agua tibia emergen unas flores rosadas que deben de estar riquísimas porque los caballos silvestres se las están comiendo, una garza los vigila desde las rocas, tres corzos beben en la orilla de enfrente, Estela y su hermano juegan en el agua con Inuki, y yo… yo estoy extasiada con tanta belleza.

Me pregunto cómo se viviría en la tierra antes de estar superpoblada, supongo que se parecería mucho a este atardecer en mi rincón secreto. No hay ninguna señal de actividad humana. ¡Qué paz!  

¡Ah, la paz! La paz dura muy poco. Los gritos de mi hija y los ladridos del husky me sobresaltan. Entre los pinos veo a Inuki mordiéndose las patas y gruñendo, Estela sacude las piernas, se da manotazos y chilla: «Nos atacan los soldados» 

No estoy muy segura de lo que dice, ¿soldados?, y voy hacia ellos. Al acercarme lo entiendo todo; sin darse cuenta han pisado las rutas a un hormiguero gigante y multitud de hormigas que patrullan alrededor les han subido por las piernas enseguida y los han mordido. 




— ¡Son hormigas ninja! Si nos descuidamos, nos meten en el hormiguero las muy asesinas —exclama Estela—. ¡Qué ataque más gratuito! No queríamos molestarlas, solo estábamos jugando al lado.
—Estas hormigas son especialistas en limpiar el pinar de bichos; capturan todos los insectos que encuentran y así controlan las plagas. Son muy importantes. Reconocerás un bosque sano cuando tenga hormigueros de estos.
—Me parece muy bien, pero ¿tengo yo cara de bicho? —pregunta indignada.
—Pues… ¿te digo la verdad? Sí, eres un bicho ¡y de los peores!
— ¡Mamá! ¿Cómo puedes llamarle eso a tu hija? Mira que eres cocodrila.
Se mete en el agua y me salpica, y yo a ella. Es hora de jugar a guerrillas acuáticas.




Al cabo de un rato, salimos para merendar, cogemos los bocadillos y paseamos un poco mientras nos secamos. La curiosidad ha llevado a Estela otra vez al hormiguero. Su forma es cónica, calculo que medirá un metro de diámetro y medio de altura, está fabricado con acículas de pino y tronquitos, vemos algunas entradas y miles de hormigas sobre toda la superficie. Ninguna está ociosa: unas llevan escarabajos, otras orugas, algunas recolocan materiales… y todas corren. Es impresionante. 

— ¿Sabes que el pájaro carpintero y el arrendajo se dan baños de hormigas?, se cree que así los limpian de ácaros.
— ¿No será porque les hacen cosquillas y se divierten?




—Ja, ja, ja. También puede ser. ¿Te cuento otra cosa? Estas hormigas influyen tanto en la salud del bosque que, hace casi cincuenta años, se metieron en barriles varios hormigueros de Formica nigricans de Pinar Grande y se trasladaron hasta Abejar porque aquí no quedaban.
—O sea: que secuestraron  a las hormigas. No me extraña que tengan tan mal genio; ahora, ven un humano y lo atacan.
—Más o menos; aunque tampoco es para quejarse, les regalaron un nuevo bosque para ellas solitas con banquete de insectos incluido. 

 
Inuki huye de las hormigas

Seguimos hablando un rato sobre hormigas mientras ella les deja caer miguitas de pan y observamos las maniobras para meter en el nido una araña y un gusano. 

Y yo que me pensaba que estaba sola en este paraíso secreto…, resulta que al lado tengo un ejército entero en pie de guerra.