sábado, 28 de mayo de 2016

Si estás aburrido...




Entrar en la habitación de Estela es entrar en su mundo. Y su mundo está lleno de ideas, de fantasías, de juguetes, de inventos, de papeles, de libros, de peluches, de animalitos, de... Su cabecita multitarea es capaz de albergar mucho más de lo que aquí puedo contar sin que el ordenador se colapse. 

Una pizarra del mundo del cole
Al volver del colegio su padre le recuerda:
—Estela, quítate las botas y ponte las zapatillas.
—No puedo. Voy a dar clases.
— ¿Y qué tiene eso que ver? –pregunta Rafael desconcertado.
—Es el efecto tacón –contesta como si fuera obvio.
Da media vuelta y se dirige a sus dominios. Un montón de pelotas que se esconden debajo de su escritorio tiemblan al oír los tacones: la señorita se acerca con paso firme.
—Niños, a vuestra mesa y prestad atención porque hoy tenéis examen de geometría –dice mientras coloca las pelotas con un papel delante y un lápiz.
En la pizarra dibuja varias figuras al tiempo que les explica lo que deben hacer.
—Marcad los ejes de simetría.
De repente, le da un puntapié a la pelota llamada Quico.
— ¡Quico! vuelve a tu sitio y un punto menos en la nota.

Dos cocinas por falta de una
Tiene una cocina grande en la estantería y otra en miniatura encima del escritorio, pero todo tiene su explicación: en la primera cocina para Andrea, su hija, y la pequeña es de su ranita Lily.
Lily es un poco delicada para comer porque no le gusta casi nada.
—Lily, hoy te he preparado pastel de mosquitos. Espero que te guste.
—Rapi, rapap.
— ¿Cómo puedes decir que las ranas no comen mosquitos?
—Rapipip –Lloriquea la ranita.
—No tengo tiempo para discutir contigo; se me quemará la papilla de Andrea.
En la otra cocina, mezcla varios ingredientes y los presenta requetebién.
—Mira, Andreíta, crema de maíz con romero.



Libros, revistas, fotos, recortes... para parar un tren
— ¿No te parece que este cuento es demasiado fácil para ti? –pregunta Olga, la bibliotecaria de Abejar.
—No, si no es para mí, es para mi hija que no se duerme si no le leo un cuento. Yo me llevo uno de caballos y otro del Hada Volada.
Olga sonríe divertida pues nunca ha visto nada igual.

Y juega a veterinarios con sus peluches y recorta fotografías y las pega en su álbum de animales y construye muebles para su rana y enseña a su hija y fabrica casitas para sus bolitas saltarinas y escucha música y se inventa vestidos y.... y hay tal densidad de cachivaches en esa habitación que es imposible mantenerla ordenada más de diez minutos y, desde luego, impensable tirar nada porque todo es útil, necesario y súperimportantísimo.




Siempre tiene algo que hacer, nunca está aburrida, y si un día estuviera aburrida, también encontraría qué hacer. Lo sabemos porque, una tarde, su hermano se metió en su habitación a incordiar quejándose de que estaba más aburrido que una ostra y le dijo:
—Pues si estás tan aburrido como una ostra, cómete una piedra y fabrica una perla. 

Ella es productiva hasta en el aburrimiento.