viernes, 22 de abril de 2016

Besos de colores




— ¿Queréis que os lleve a un lugar especial?
Vámonos, vámonos allí donde los besos de colores viven entre las flores, allí donde nace el verde esmeralda.
Venid, venid conmigo, os llevaré donde canta el ruiseñor, donde florecen lindísimas aquileas.
Estela me mira llena de curiosidad.
— ¿De qué hablas, mamá? ¿De magia? ¿De bosques de hadas?
—No, no es magia, es mucho mejor. La magia es solo una ilusión y este lugar maravilloso es real y no desaparece.
Inuki ya está moviendo la cola dispuesto para irse. En marcha.
Dando un pequeño paseo hemos bajado hasta un valle de pastos con algunos pinos y robles, cruzamos un riachuelo y, enseguida llegamos a una pradera silvestre que está en su máximo esplendor.
— Aquí es, en este vallado. 
— ¿Dónde está lo extraordinario, mamá?
—Mira, Estela, mira con atención. ¿No ves todas esas plantas recién nacidas? Observa qué verde tan nuevo, qué hojas tan bien diseñadas, qué altas y frágiles parecen. Fíjate en la variedad de flores. ¿Cuántas eran desconocidas para ti hasta ahora? ¿Te das cuenta de lo bonitas y delicadas que son?


El vallado es la reserva de mariposas Phengaris en Abejar

El aterrizaje de un petirrojo en mitad del prado ha hecho levantar el vuelo de unas mariposas.
— ¿Has visto?
—Sí, son mariposas.
—Y cuando aletean parecen unos labios lanzando un beso, las mariposas son besos de colorines que revolotean entre las flores.
— ¿Qué dices, mamá? ¿Eso es magia?
—No, hija mía, eso es poesía —Estela me mira desconcertada—.  ¿Te cuento algo interesante?
Esta pradera de Abejar es una reserva de mariposas Phengaris nausithous y Phengaris alcón.  La han vallado para que las vacas entren solo en determinadas fechas a comerse la hierba, luego ya no las dejan pasar, así evitan que pisen las flores de la pimpinela mayor y la genciana que son sus plantas nutricias.




Verás, estas mariposas son unas listillas, ponen sus huevos sobre estas flores y sus orugas se alimentan de ellas hasta que las hormigas Myrmica las recogen y las llevan a su hormiguero donde devoran a las larvas de estas hormigas. Cuando llegue la siguiente primavera, saldrán nuevas mariposas.
— ¿Por qué las hormigas las meten en su hormiguero si luego se comen sus larvas?
—Ya te he dicho que son unas mariposas muy espabiladas. Engañan a las Myrmica segregando una feromona que es igual al olor de las hormigas para confundirlas. También les dan una sustancia azucarada que les encanta.
—Pues sí que son tramposas… y las hormigas, ¡qué bobas! Se dejan engañar por unas chuches.
—Ese es un punto de vista muy humano. Piensa que han sido capaces de encontrar niñeras, alimento, protección y casa gratis, eso es todo un éxito en la naturaleza.
—Ya… —asiente y pone cara estar valorando algo—. ¿Qué conseguiría yo si mañana me pongo a regalar magdalenas rellenas de chocolate?
—Ja, ja, ja. ¡Quién sabe! Tendrás que hacer la prueba, seguro que más de uno se pone muy contento y te ganas unas cuantas sonrisas y ¿no es eso lo mejor? ¿No te alegran la vida las sonrisas de cariño y los besos de colores? A mí, sí. 




Autor de las fotografías de las mariposas: Antonio Pulido Pastor


La principal amenaza para las mariposas y otros invertebrados es la destrucción o alteración de sus hábitats y el uso de pesticidas. A fin de promover la concienciación sobre este problema, la Sociedad Ibérica para el Estudio y Conservación de los Ecosistemas (SIECE) y la Asociación Española para la Protección de las Mariposas y su Medio (ZERYNTHIA) ponen en marcha una red de “Oasis de mariposas” para que la iniciativa ciudadana pueda implicarse directamente en la adopción de medidas de conservación tanto en entornos rurales como en zonas urbanas.

jueves, 7 de abril de 2016

sábado, 2 de abril de 2016

¡Qué vida más negra!



 

Estamos tan tranquilas mirando por la ventana y, de repente, un estallido negro azabache con fulgores blancos. ¡Qué susto! Era Pica, la urraca, en un vuelo rasante sobre el alféizar de la ventana y, ahora, se aleja planeando magnífica con sus alas desplegadas y su larga cola.

Demasiado bonita y lista como para no quererla en la ventana. ¿Qué podríamos hacer por ella a cambio de que nos deleite con su hermosura? Estas aves poseen una inteligencia notable y no son nada melindrosas a la hora de comer; Estela cree que quizá un poco de carne las atraería. 

Además del alpiste que siempre dejamos en nuestro alféizar, añadimos unos trocitos de piel de pollo. Ojalá venga. Y vino. La primera tarde se llevo toda la carne en vuelos sucesivos, pero ahora ya no, solo se lleva unos pedacitos y el resto lo reserva para el día siguiente. Al amanecer, medio dormidos todavía, oímos a la urraca en nuestra ventana mientras desayuna. Ya no necesitamos despertador; Pica nos despierta cada día.



Nos despierta y nos avisa de si hay extraños en la zona. Rrrec, rrrec, rrrec. ¿Qué sucede? Rrrec, rrrec, rrrec. Peligro. Nos asomamos a la ventana, pero no vemos nada;  y sin embargo, algo inquieta a las urracas. Una sombra merodea entre los árboles acechando los nidos: es Pantera.




Las urracas no se arredran ante el gato negro y lo persiguen chillando sin parar, revoloteando sobre su cabeza hasta que lo obligan a salir del pinar, luego lo persiguen a saltos por la carretera amenazando con picarle las patas y la cola hasta que lo expulsan de su territorio. ¡Qué vida más negra! El gatazo se aleja fastidiado moviendo la cola con nerviosismo. Lo dicho: ¡Qué vida más negra!

Delante de casa hay un pinar; en el pinar, un nido; en el nido, dos urracas; dos urracas  que cuidan de cinco pollitos.