sábado, 30 de julio de 2016

Basura con encanto rural - Fotos denuncia




Rural no significa sucio o destartalado. 

Abejar debería ser un pueblo con encanto, no solo por su apacible vida rural sino también por su bellísimo entorno. Y podría ser un lugar acogedor y bonito, tanto para los turistas como para los vecinos, pues ellos son quienes mantienen el pueblo con vida.
 
¿Por qué la atalaya en lugar de ser un monumento para visitar y disfrutar del paisaje está en ruinas y llena de basura? ¿Quién ha sido capaz de tirar ahí estanterías y otros cacharros?


¿Por qué hay personas que dejan hacer las necesidades a su perro delante de mi casa cuando yo no se lo consiento al mío? ¿Por qué no las recogen? ¿Es que no hay bastante campo donde pasearlo? 

Se ha clausurado una escombrera municipal para abandonar cascotes y otros residuos en multitud de lugares. 


Las peñas de las fiestas dejan una gran cantidad de basura a su alrededor y ladera abajo. Algunos ayuntamientos exigen una fianza que cubra los gastos de limpieza por si al finalizar la fiesta no dejan la zona limpia y deben ser las brigadas municipales quienes retiren los desperdicios. 


¿Es normal que la botellas, vasos, colchones… permanezcan un año entero tirados? ¿Por qué se cubren los tejados con toldos de plástico que acaban hechos jirones y esparcidos por toda la colina? ¿Por qué no se usa otro material o se retira al finalizar agosto?

¡Qué sabrán de civismo los cazadores que abandonan cartuchos y latas!


¡Qué sabrán de limpieza las industrias!


Es cierto que debería haber más papeleras en todo el pueblo, pero seguramente quien ha tirado estos restos de merienda al suelo, no la usaría. No me gusta el turismo que viene aquí pensando que, como es un pueblo, pueden ensuciar y hacer las gamberradas que se les antoje. 


Es una pena que hayan destrozado un lavadero acabado de restaurar, es un desastre que rompan los árboles, es un asco que no recojan los excrementos de sus perros,  que maten animales para divertirse, etc. 

¿Por qué esos críos desquiciados no le arrancan la puerta del coche a su padre en lugar de romper la del refugio del ganadero?


¿Por qué se permiten embarcaciones a motor en el embalse de la Cuerda del Pozo cuando en otros pantanos no se consiente? ¿La naturaleza soriana importa menos?


Turismo rural sí, pero de calidad, no turismo a cualquier precio.

Abejar es un lugar encantador, por favor, conservémoslo limpio para los visitantes; pero, sobre todo, para quienes residimos aquí.





lunes, 25 de julio de 2016

Cuidemos la naturaleza, por favor



Alegres borduras floridas


Como todos los días, he salido al amanecer a dar una vuelta con Inuki; voy, también como siempre, ensimismada mirando al cielo, a los pájaros, a los campos, a las borduras floridas... Os confieso que estos paseos se han convertido en un placer irrenunciable por lo hermosos y relajantes. 

Cerca de la ermita he encontrado esta bolita en el suelo,


me he acercado a ella y ha resultado ser un verderón.



Primero he creído que sería un pollito descansando en el suelo tras una sesión de pruebas de vuelo; aunque, al observarlo mejor, he comprobado que era un adulto y me he dado cuenta de que la pareja revoloteaba cerca vigilándolo.

Estaba vivo pero apenas podía moverse así que lo he cogido para evitar que lo aplastara algún tractor. Mi intención era recuperarlo en casa, pues no se le veía ninguna herida; sin embargo, a los pocos minutos ha muerto en mis manos.

Que descanse en un bonito prado con margaritas
 
Ayer también encontré un carbonero muerto sin ningún traumatismo aparente.

Hierba seca a causa del herbicida y pájaro muerto

Me pregunto por qué y se me ocurre que tanto el Ayuntamiento de Abejar como Conservación de Carreteras están rociando plantas con herbicidas. El herbicida mata la planta, envenena a los insectos que se alimentan de ella, y los insectos, a las pequeñas aves insectívoras por acumulación de tóxicos. 

Carbonero muerto

La mayoría de vehículos circulan con exceso de velocidad y, también, matan multitud de aves, ardillas y otros animalitos.

Por no hablar del odio que se tiene a golondrinas, aviones y vencejos que anidan bajo los aleros de los tejados. Para mí sería un honor que unas golondrinas anidaran en mi casa y me resultaría muy grato despertar escuchándolas trisar. En cambio, algunos lugareños rompen sus nidos porque manchan la fachada y cada año deben reconstruirlos, algo cada vez más difícil por la ausencia de agua y barro.

Empezando a reconstruir los nidos destruidos

Unas semanas más tarde algunos nidos están terminados, otros, a medias.

Y esto no es todo, se han reparado los baches de las calles con gravilla y un alquitrán que ha quedado líquido en la superficie durante días y empringa cualquier zapato o animal que pase por encima. Inuki se ha manchado las almohadillas de las patas y ha costado un horror limpiarlas, pero esta lagartija ha perecido.

Larga agonía en el alquitrán

Estos desenlaces me disgustan. ¿Es preciso echar herbicidas? ¿No es suficiente con cortar la hierba? ¿No se puede alquitranar de forma menos chapucera? ¿A nadie se le ha ocurrido poner una repisa medio metro más abajo de los nidos de golondrina? ¿Llegar cinco minutos antes a Soria merece la vida de un petirrojo o de un zorro?

Los animales no entienden de fronteras, y menos en un pueblo tan minúsculo como este. No se puede aducir que es casco urbano y quedarse a ver cómo las mariposas de la reserva se envenenan en los lindes del pueblo, cómo mueren las aves, cómo cada año hay menos abejas…

A este paso, Abejar deberá cambiar el topónimo y llamarse Sinabejar, tendrá una microrreserva de mariposas inexistentes y los abejareños que gustan de cambiar su gentilicio por abejarucos tendrán que volver al original, pues ya no tendrá sentido llamarse así si no queda ni un pájaro de estos.

Seamos más respetuosos con la naturaleza, por favor.

¡Qué daría yo por tener estas golondrinas en mi balcón!

Espigas y flores hablan de sus cosas sentadas en el banco.
El paseo de la ermita tiene su encanto cuanto está lleno de espigas y de plantas silvestres formando un mar verde salpicado de flores de colores.




 

Plantas muertas: herbicida altamente venenoso.
Altamente feo, además.

sábado, 9 de julio de 2016

Te invito a mi cumple

En el sabinar de Calatañazor


En agosto hay una fecha a tener en cuenta, por eso está señalada en rojo en el calendario: es el cumpleaños de Estela. A principio de año, ella y su hermano marcan el día de su nacimiento para acordarse de celebrar el cumpleaños. ¡Cómo si se les fuera a olvidar! Ni a ellos ni a nosotros porque tres meses antes empiezan a planificar.

Un día estaban los dos sentados muy modositos hablando, y como nos pareció raro que Estela estuviera quieta en mitad del campo, nos acercamos a ver qué sucedía.
— ¿Os pasa algo? ¿Qué hacéis ahí sentados?
—Nada, es una conversación privada, así que dejadnos.
— ¡Una conversación privada! Perdón, perdón, pues nos vamos.

Ya más tranquilos seguimos paseando porque uno no debe meter las narices en los asuntos de los demás y mucho menos cuando se trata de temas privados. Así que nos dedicamos a contemplar el sabinar que en primavera está cubierto de flores y huele de maravilla.

De vuelta a casa ya se había levantado el secreto de sumario.
— ¿Queréis saber de qué hablábamos? —preguntó Estela.
— Bueno... si ya no es secreto.
—Decidíamos lo que comeremos el día de nuestro cumpleaños.
— ¿Tan pronto? pero si todavía faltan meses.
—Es igual, así no te pilla desprevenida y ya sabes lo que tienes que comprar. Desayunaremos chocolate con churros; para comer prepararemos albóndigas con sorpresa de queso por dentro, espaguetis a la canela y de postre, tarta de nueces y helado.
—No está mal.
—Espera que no he terminado. Quiero invitar a mis amigos.
—Estela, tu cumple es en agosto.
—No, si no me refería a los del cole. Bueno a Sofía, sí, pero yo pensaba en los gatos. A Kitt y a Rayitas les voy a invitar a mi cumpleaños y como ellos no comen tarta, he pensado que les compraré una lata de sardinas y a las gallinas, maíz. ¿Qué os parece?
—Muy bien.


Me entra risa, le pregunto a Rafael qué le parece y, sorpresa, me confiesa que él también invitaba a sus gatos a sardinas o atún el día de su cumpleaños o el día que le parecía que era el cumple de su gato. Ya sabemos a quién ha salido la niña.
— ¿Es que tú no lo hacías?
—Yo he hecho muchas cosas, pero creo que esa no.

El esperado día de su noveno cumpleaños se despertó perezosa y contenta, desayunó chocolate y se fue a ver a sus gatos.
—Hola, Kitt. Ven, Rayitas. Hoy es mi cumpleaños, por eso os invito a sardinas. Espero que os gusten.
A juzgar por los lametazos, les gustaron como para repetir, pero tendrán que esperar hasta el próximo cumpleaños.