jueves, 8 de septiembre de 2016

Soy la loca de las víboras



La antigua vía del tren, ahora, es una vía verde, una vía verde con sorpresas

Estoy loca. Acabo de saberlo. Me he quedado algo perpleja, más por la forma de enterarme que por el diagnóstico en sí. Durante el paseo matutino con Inuki, he encontrado un lución y muy contenta me he agachado para fotografiarlo porque son escasos. 


A cierta distancia había unos hombres de Tragsa arreglando la vía verde.
—Está fotografiando la víbora. —He oído que decía uno de ellos.
—Está loca —ha comentado otro.
Yo continuaba haciendo fotos sin prestarles atención. 

He tocado el lución, quería que se marchara enseguida, pero no se movía apenas. Al fijarme bien, he visto un bulto cerca de la cabeza y he deducido que alguien lo había quebrado.  Quizás haya pasado antes que yo algún hombretón, ha librado una descomunal batalla con el pobre lagarto sin patas y le ha partido la columna. El animal todavía estaba vivo y me miraba, pero ya no podía hacer nada por salvarlo. 

Y los de Tragsa, insistiendo:
—Está loca, ¿te puedes creer que está sacando fotos a una víbora?
He cogido el lución y me he dirigido a ellos.
—Buenos días, señores. Vean: esto es un lución, no es una serpiente, ni pica ni muerde, solo come insectos —les he explicado. Luego he dejado el lución moribundo entre la hierba y he seguido mi camino. 

—Inuki, han dicho que estoy loca. ¿Cómo me ves, tú? —le consulto al husky—, yo me siento más feliz que una perdiz —Inuki me mira—; aunque ser más feliz que una perdiz no es difícil porque, ahora, las están cazando y ya no quedan perdices ni infelices ni felices.

Sorprende que supieran lo que fotografiaba estando a más de cuarenta metros, salvo que ellos hubieran matado al lución, pero resulta más extraño todavía que sepan si estoy loca solo con mirarme. 

Es lo que tienen las crisis: biológos y psicólogos acaban reparando caminos en lugar de dedicarse a su profesión. Y deben de ser muy buenos porque, a tanta distancia, ¡solo un excelente biólogo afirma sin dudar que se trata de una víbora!, ¡solo un psicólogo avezado diagnostica la locura sin entrevista ni test de personalidad!

—Bueno, perro, tienes una dueña loca, y ahora, ¿qué? Supongo que a las locas les está permitido hacer locuras… —me echo a reír—. ¡Qué sensación de libertad!, creo que me va a gustar. 

Mi amigo Ángel se confiesa loco feliz y ¿sabes que te digo, Inuki? Que puestos a ser locos, mejor ser locos felices. Así que, de mayor, voy a ser una loca feliz.

A mediodía llega mi marido y le comunico el nuevo estado.
—Cariño, estoy loca.
— ¿Ah, sí? —pregunta, y me da un beso—, pues ya somos dos.
—Voy a pasarte un test para comprobar si es verdad. Mira estas fotos, ¿qué ves? 
—Un lución, una oruga y una víbora de dos patas —contesta sin vacilar.
—Pues sí, estás tan loco como yo; porque según el biólogo y el psicólogo de Tragsa deberías haber visto: una víbora, una víbora peluda y una vecina antipática.

 
¿Un lución o una víbora?

¿Una oruga o una víbora peluda?
 
¿Una víbora de dos patas o una vieja cascarrabias?

— ¡Que los dioses nos libren de los cuerdos eruditos! y digo los dioses en plural porque un solo dios no podrá con tantos sabiondos. Es normal que las personas no entiendan de herpetología y confundan cualquier ser sinuoso con una serpiente venenosa, pero de ahí a diagnosticar trastornos de personalidad…

Es lo que tienen las crisis, cariño, que algunos psicólogos acaban asfaltando calles. O quién sabe si acaban asfaltando calles porque no sirven para psicólogos. ¡Pobrecitos!








Serpientes con la cabeza aplastada con la punta del pie, da igual si son víboras venenosas o culebras inofensivas. Todo se mata, aunque sean especies protegidas. 

Enlaces para diferenciar culebras de víboras: Las víboras están protegidas
Sobre el lución:  Anguis fragilis

sábado, 3 de septiembre de 2016

Abejar, un año Premio de Turismo y quince días Campeones de la Porquería




—Señor juez, solicito permiso para publicar una entrada bonita sobre Abejar.
—Y yo me opongo, señoría —protesta el abogado de la acusación—; el pueblo sigue sucio. Observe estas fotografías recientes. 


— ¿Pretende tomarme el pelo, señora? ¿Sigue insistiendo en dar una imagen irreal de Abejar?
—Señor juez, Abejar está en un lugar privilegiado; si usted quisiera visitarlo vería un pueblecito  recostado contra la ladera sur de una colina, desde lo alto se divisan los picos de Urbión, Pinar Grande, el lago de la Cuerda del Pozo, el sabinar de Calatañazor, los trigales; nos sobrevuelan milanos, cigüeñas y multitud de aves ya extintas en otras partes; y el cielo…, el cielo es casi siempre tan azul que duele a los ojos. Además, Abejar obtuvo el Premio Provincial de Turismo el año pasado.
—No intente distraerme con el entorno, señora. Le he preguntado por el núcleo urbano, ¿sigue sucio?
Me callo, siento vergüenza ajena. No puedo negar lo que la acusación argumenta.


—Entonces, ¡acate la sentencia! Publique entradas descriptivas de la parte negativa hasta que, por lo menos, llegue a un tercio de las positivas. No mienta usted a sus lectores. Abejar, un año Premio provincial de turismo y añada otro título: quince días Campeones de la Porquería.




—Con todo el respeto, señoría, no vine a Soria ni escribí un blog para esto.
— ¿Vino usted a vivir entre la mierda y a engañar a los demás?
—Desde luego que no.
—No sea pertinaz y cumpla su pena. ¿No sucede nada desagradable?
—Sí. Como en todas partes hay: suciedad, mujeriegos, pederastas, actividades ilegales, acoso, odios enquistados, discriminación…, pero yo no quiero escribir sobre eso. Me amenazarán, ya lo hicieron en otra ocasión. Yo quiero hablar de la sonrisa de campanillas de una niña o del canto de las alondras sobre las tierras de labor.
—Si la amenazan, denuncie con nombres y apellidos. Se acabó la discusión. Por terca, le impongo una sentencia adicional de un mes de arresto en núcleo urbano. No salga usted de Abejar, no se vaya al campo y escriba lo que se le ha ordenado hasta que el pueblo esté limpio. Una vez desaparecida la porquería, podrá borrar esas entradas porque ya no tendrán razón de ser, el pueblo será el lugar encantador que usted describe.