domingo, 18 de diciembre de 2016

El perrito de las nieves - En memoria de Mª Dolores



En sus últimos minutos de vida, ella dijo que veía al perrito de las nieves.
Inuki la llamaba con un ladrido amistoso, moviendo la cola, y se marcharon jugando entre risas de niña alegre hacia aquel horizonte de nieve y cielo azul donde se desvanecieron.
Adiós, querida Loli, que tengas dulces sueños eternos en compañía de Inuki.
Descansa en paz.





sábado, 17 de diciembre de 2016

Amistades de arrendajo



Ha transcurrido un año desde que dediqué la entrada «Como una diosa» a Emilio Valadé del Río y él me contestó en otra: «Diosa, no. Mejor arrendajo».
Yo había sembrado bellotas y semillas de almez y confesaba sentirme como una diosa de la naturaleza creando hermosas arboledas. Mi amigo me advirtió de que los dioses castigan a los  humanos que intentan emularlos y me aconsejó que, mejor, imitara al arrendajo, pues él también entierra bellotas.
Hoy quiero contaros en qué ha quedado mi actividad de arrendaja. La primavera soriana fue generosa en lluvias y las plantas se desarrollaron extraordinariamente, tanto, que fue difícil descubrir entre las altas hierbas si habían nacido mis árboles. Algunos no germinaron o fueron devorados, otros tuvieron más suerte y llegaron hasta el verano, sin embargo, es posible que no superaran la pertinaz sequía.
En resumen, de lo que sembré en el campo, quizás solo una pequeña parte haya logrado sobrevivir. A fuerza de estar vivos y entre vivos la vida parece cualquier cosa. Y no lo es. Que la vida prenda depende de un proceso muy complejo; luego, que esa vida se mantenga, exige el cumplimiento de multitud de factores (en algunos países se empieza a censar a los niños a partir de los cinco años porque un porcentaje elevado muere antes).
La vida es frágil; así que me asombra cuando se produce y la considero valiosa. Soy una arrendaja feliz el día que encuentro uno de los castaños que he sembrado, un almez, un roble… Dice Emilio que los arrendajos olvidan con frecuencia el lugar exacto de la despensa y así contribuyen a diseminar las semillas. Yo soy una pájara igual de despistada, pero sabiéndolo, me reservé unas cuantas para enterrarlas en las macetas de mi balcón. 

A principios del verano, aparecieron unas hojas diminutas, ¡qué alegría!, llegado el otoño ya eran un bonito proyecto de árbol y los trasplanté en el campo. ¡Larga vida al almez!
Hoy he ido a comprobar si todavía estaban y sí, se mantienen erguidos y deshojados como corresponde al invierno. De vuelta a casa voy pensando…, pensando en que escribiré una entrada en mi blog, pensando en el aniversario del blog de Emilio y, no sé cómo, hago una asociación de ideas: esta relación con Emilio es como si hubiera sembrado una semilla en forma de + en Google+ y hubiera germinado una amistad. ¡Ah, pues me gusta esta idea!  Es una amistad de arrendajo. He de contárselo a Emilio a ver qué le parece. Lo imagino leyendo estas ocurrencias en su ordenador y sonriendo.

Arrendaja dispersando semillas o sembrando amistades, ¡quién sabe!
Sigo analizando las semejanzas entre estas relaciones surgidas en las redes sociales y las siembras y llego a la conclusión de que, también aquí, se producen muchos contactos y solo unos pocos cuajan en una relación personal.
Son los menos, de acuerdo, pero no deja de ser una agradable sorpresa y una alegría. Si estas amistades son como una plantita, habrá que cuidarlas con esmero: regarlas, abonarlas, protegerlas de las heladas, sacarlas al sol…, mimarlas para que se desarrollen en todo su esplendor.
He de dejaros, tengo mucha tarea, voy a revisar leyendo, a abonar poniendo +, a regar comentando y a solear mandando algún correo. Curiosas estas amistades de arrendaja, ¿no?
 Gracias, Emilio, por tu amistad. Gracias a todos los amigos de Internet.

 
Ahí están mis pequeños almeces